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jueves, 12 de diciembre de 2013

Hablemos un poquito de dolor



        Durante muchos años se pensó que era el sol quien giraba alrededor de la tierra, sin embargo, finalmente la racionalidad, que en occidente llamamos ciencia, se impuso y demostró (no sin complicaciones) que era justamente al revés. Con el dolor pasa algo parecido. Diariamente tenemos experiencias dolorosas y sensitivas que hacen que creamos que dolor es igual a daño, del mismo modo que cuando miramos al cielo nocturno creemos que son las estrellas las que se mueven. En los últimos años la neurociencia está ayudándonos a clarificar un poco como se produce esa sensación dolorosa. Trataré de hacer, de forma breve, una pequeña introducción a estos conceptos.

              Aviso de antemano que puede derribar ciertas creencias de mucha gente y su forma de entender su enfermedad, por tanto, quiero dejar claro que lo que voy a explicar no es ningún juicio de valor, es ciencia. Puede que con los años se demuestre que se equivocaban en la interpretación de estas investigaciones, sin embargo, hay más veracidad en la ciencia que fuera de ella.


         1.- La interpretación y la atención

         El dolor es fundamentalmente una interpretación del cerebro (NO DE LA PERSONA NI DE SU PSICOLOGÍA). Me explicaré a continuación.



        Imaginemos que cortando queso me rebano un dedo. Clásicamente (dolor Nociceptivo) creemos que existe una neurona ubicada en mi mano que transmite una señal dolorosa a mi cerebro y, éste, la hace consciente para que YO me proteja del dolor (próximamente hablaré de la diferencia entre YO-CEREBRO-MENTE; sí, son tres cosas completamente distintas). Esto no es cierto, el cuerpo humano no funciona así.

         Existe multitud de neuronas (receptores) ubicados en mi mano que transmiten al mi cerebro una serie de informaciones. Estas informaciones hablan de la posición de mi dedo y mi mano, de la situación química de los tejidos afectados, del estimulo mecánico sufrido (el corte) y un largo etcétera. En mi cerebro llegan a una zona (hipotálamo) donde se analiza (muy complejo de explicar, otro día hablaremos de ello) y, en función de la interpretación, se hace consciente… o no.
  • Pongamos un ejemplo: ¿Por qué esta mujer no sintió dolor?

        Clásicamente nos hablan de que tras un “subidón” de adrenalina podemos aguantar mejor el dolor. Esto es cierto y no es cierto a la vez. Podemos pensar que en este caso la adrenalina jugó un papel importante ya que el miedo que sintió fue enorme. Sin embargo, su cerebro tenía algo más importante donde poner su ATENCIÓN: salvar la vida.

         Esto lo vemos en los surfistas a los que les muerde un tiburón en Australia. La mayoría no sienten dolor (salvo que vean previamente al tiburón) pese a haberles amputado un brazo o una pierna. Tan solo sienten un tirón y creen que han chocado contra algo. Una vez buscan su tabla y notan que les falta un miembro SON CONSCIENTES del trauma y les duele. Esto es debido a que su cerebro está mas pendiente de no perder el equilibrio y caerse al agua que de otras informaciones de su cuerpo. Es decir, los procesos de atención son imprescindibles para sentir dolor.

         Dicho campechanamente, sirve para entender porque se siente dolor cuando no se hace nada y, como, realizando actividades estimulantes (no demasiado) que precisen concentración podemos abstraernos del dolor y con las actividades mecánicas y repetitivas no. Ojo esto no es universal ni aplicable a todo el mundo. El proceso es mucho más complejo.

             2- Las creencias

 

        Al igual que la atención, las creencias, la cultura, la religión o lo que aprendemos influye de forma determinante. Pongamos un ejemplo usado por Rubén Tovar en su recomendable blog http://rubentovar.fisioterapiasinred.com/:

"Durante la II Guerra Mundial observaron en los hospitales que ante el mismo tipo de lesiones, los ciudadanos solicitaban morfina 3 veces más que los soldados que venían con heridas de la guerra. La conclusiones ante ese hecho eran las diferencias en cómo se vivenciaba la situación. Para cualquier persona una lesión iba asociado a incapacidad de trabajar, suspender proyectos de vida, etc., sin embargo, para los soldados que estaban en el frente, tener una herida era sinónimo de sobrevivir a la guerra, suponía poder retirarse del frente y volver a casa, así que el dolor que experimentaban era mucho menor"

         Esto nos habla de lo importante que es la educación sanitaria (información) de los pacientes. De por qué los profesionales sanitarios causamos dolor con lo que decimos. Cuando le decimos a alguien ¡Menuda artrosis tiene usted! (la artrosis no duele por sí misma, hablaremos de ello) ¡Madre mía! ¡Pero ha visto esta resonancia! No sé cómo puede andar, en unos años tendremos que operarla y otros muchos ejemplos que de sobra conocéis. Estamos dando una explicación no real del dolor y, sin darnos cuenta, FABRICAMOS una percepción de dolor (por aprendizaje) que no tendría por qué ocurrir.

           3.- La propiocepción

 


        Este aprendizaje no es exclusivo cuando hablamos. El cuerpo aprende muchas cosas a través del movimiento y la posición: andar, conducir, comer… etc. Es el sentido de la propiocepción (otro sentido como el gusto, visión, olfato, oído o tacto). Este sentido es muy importante para la asimilación del dolor y, unido al aprendizaje, permite a los fisioterapeutas y neurólogos tratar el dolor de un modo muy diferente al que estamos acostumbrados.

            Esto que puede parecer magia, está basado en conceptos científicos sobre cómo funciona nuestro cerebro y cuerpo. En este video os presento el experimento de la mano de goma. En el video aparece un poco peliculero y, en realidad cuesta un poco mas hacer que los individuos expuestos sientan dolor al golpear la mano de goma. De todas formas es un buen ejemplo.


           Esto es todo por hoy. Espero no ofender a nadie explicando estas cosas. Solo pretendo dar otra visión sobre el dolor que está funcionando en la clínica diaria de muchos profesionales. Esto no quiere decir que otros profesionales estén equivocados, el conocimiento es una herramienta poderosa y, todos los profesionales, nos basamos en conocimientos, aunque no sean siempre los mismos. Esto tampoco es mágico ni se consiguen resultados de un día para otro. Son procesos duros y complicados que no siempre funcionan (como ninguna terapia) y que dependen de demasiados factores.

          Otro día hablaré de las neuronas espejo. Mientras tanto os dejo un enlace del grandísimo científico, el Dr. Ramachán.


http://www.youtube.com/watch?v=5G5hoZ9Bvaghttp://www.youtube.com/watch?v=5G5hoZ9Bvag


miércoles, 27 de abril de 2011

Oikeus olla ihmisiä (Derecho a ser personas)



                Una de las cosas interesantes que hago en Finlandia son las prácticas clínicas en centros sanitarios. Prácticamente a eso he venido a hacer, académicamente hablando, y es una de los puntos fuertes en mi decisión de venirme a este país. Como podréis imaginar muchas cosas aquí son diferentes tanto para bien como para mal haciendo que la comparación entre un sistema y otro sea, como se suele decir odioso. Sin embargo una de las cosas que poderosamente me llamo la atención desde el principio poco tenía que ver con sistemas de trabajo o protocolos, era el trato humano y sobre todo la consideración hacia el paciente.

Concretamente estuve en una residencia y centro de día de pacientes con daño cerebral, tanto adquirido como congénito. Ni que decir tiene que tanto en España como en Finlandia el respeto hacia estos es fundamental pero se lleva de manera diferente. Mientras en la península no hacemos más que suplir paternalistamente habilidades que creemos que no tienen, en Finlandia se potencian. Pero se potencian hasta unos límites barbaros. Aquí todos manejan cotidianamente dinero que ganan y gastan en la misma residencia, tienen un trabajo asignado en el centro sin el que es evidente que habría cosas que funcionarían peor y sobre todo tienen las pulsiones y necesidades humanas muy consideradas y toleradas.

  Si es posible, que sean ellos quien guien su camino, no caigamos en la sobreprotección.


                Estando un día en el comedor observé que todos los individuos con habilidades motoras mínimas se servían la comida del buffet. Uno de ellos concretamente se le notaba que tenía problemas para realizar dos tareas a la vez sino se esforzaba mucho. Tareas básicas como puede ser sujetar un plato con una mano y una cuchara con la otra. Cuando tuvo su comida en la bandeja y se dirigía hacia la mesa se choco con una banqueta que por allí había derramando el vaso de agua dentro del plato de comida. Imaginad que si para muchas personas ya es costoso evitar accidentes al transportar la bandeja, para él, que no puede controlar bien sus emociones, andar hasta la mesa relamiéndose ansioso por lo bueno de la comida y evitar tropezar es casi imposible. Pues cuando se tropezó ningún cuidador le ayudó a recogerlo. Y no solo eso, lentamente el hombre poso la bandeja dos o tres metros más allá en una mesa cercana volvió al sitio donde se había tropezado, exclamó una especie de grito mientras se auto propinaba un collejon importante, se tomo un tiempo para lamentar lo sucedido y cogió la bandeja de nuevo para cambiar el plato.

Le dejaron cagarse en todo, acordarse de su familia, de la familia del médico que descubrió su síndrome y hasta del que dejó la banqueta ahí para retomar su tarea libre de tensiones reprimidas… como cualquier persona. ¿Quién no se hubiera “cagado en tó” como mínimo? En España un cuidador se habría acercado, le habría ayudado a recoger el agua derramada o simplemente no le habría dejado lamentarse sino que le habría indicado el camino más corto hacia la mesa frustrando al paciente y dejándolo sin algo tan humano como decirse a uno mismo lo torpe que se es. Además que el hecho de no poder descargar su ira probablemente hubiera interferido en sus habilidades posteriores haciéndolas más nerviosas y torpes. Pero no fue así, y nuestro protagonista volvió a ponerse en la fila y pacientemente reemplazó su plato aguado por uno nuevo, volvió a la mesa recogió en agua derramada en el suelo y se puso a comer con el resto del grupo sin ningún problema.

                Otra cosa muy curiosa de la cafetería donde comían es que tenían que pagarse la comida. Era obligatorio. Por supuesto que todos los trabajadores de la cafetería conocían a los residentes pero aún así, si estos no enseñaban el vale de la comida que les daban en el trabajo o pagaban por su comida y café no había ni comida ni café. Que injusticia pensé yo al principio, pero pronto descubrí que nada más lejos de la realidad. Les obligaban a pagar por un servicio que el resto de los mortales paga por tener. ¿Acaso el resto no trabajamos para procurarnos comida, ropa y otros bienes? ¿Para qué trabajar si todo te lo dan gratis? En realidad el dinero es lo de menos. Pagar significa un medio para valorar el esfuerzo que supone levantarse todos los días para realizar una tarea importante para la comunidad y además aprender habilidades que les sirven para integrarse en la sociedad. Esto en nuestro país no pasa, al menos no en los sitios donde yo he trabajado. Allí los pacientes tienen un trabajo asignado por el cual reciben un sueldo simbólico pero tienen todos los servicios gratuitos. Esto provoca que por un lado cuando se reintegran en alguna actividad en la sociedad no valoran el dinero o lo malgastan en tonterías y por otro lado en momentos de apatía o depresión pierden el sentido e interés del trabajo que es lo que les conecta con el resto de comunidad y sirve a tiempo de terapia. Ni que decir tiene que para conseguir esto, detrás hay un trabajo descomunal de maestros y educadores quienes tienen que enseñarles como utilizar bien el dinero.

        Grupo de discapacitados de una asociacion local


                Trabajan en sitios muy útiles. Como en nuestro país, ellos también dividen el trabajo en función de las características de las personales de cada sujeto haciendo que muchos trabajos sean de lo más simple. Por supuesto, como allí, aquí también entran en talleres donde hacen chapas, botones, alfombras u objetos decorativos que, después, otras tiendas venden la ciudad. En concreto realizaban unas alfombras preciosas tipo Ikea que estuve a punto de comprar pero no pude pues las que tenían estaban almacenadas y formaban parte de un pedido próximo. El resto de los trabajos eran trabajos que realmente tenían un valor para la comunidad. Los hacían los menos independientes aquellos a los que sentirse útiles es más importante. Unos despejaban la nieve de las aceras, otros arrastraban los carros con los productos descargados de los camiones que traían todos los días materiales para la fábrica o las cocinas, otros ayudaban en la elaboración de la repostería que después todos degustaríamos en la comida y algunos (me pareció el trabajo más curioso de todos) se encargaban de poner todas las plantas en la mesa de regar para después quitarlas de ahí y devolverlas a su sitio. Resulta que una de las terapias que tienen es hacerles cargo del cuidado de una planta decorativa que colocan luego en las habitaciones. Pues bien se inventaron la “mesa de regar” para que los menos hábiles, con ayuda de cuidadores, tuviesen un trabajo útil que hacer. 

                También es muy llamativo como respetan los gustos de los individuos. Por ejemplo no les parece mal en absoluto que una persona de un sexo adquiera por gusto estético las costumbres del otro sexo. En concreto y como algo curioso un chico con síndrome de Down solía llevar las uñas pintadas porque le encantaba vérselas rojas ¿Por qué no? También otro muchacho joven de allí lucia un peinado bastante femenino, lo mismo que una mujer algo mas entrada en años llevaba una cresta al más puro estilo grunge radical bastante masculino por cierto. Y nadie se lleva las manos a la cabeza. Si lo pensamos bien que mas da la estética que lleves mientras se vaya agusto con uno mismo. Una lástima que en nuestro país no seamos así.

                Otra de los residentes que me llamo la atención sobremanera fue una mujer ya algo mayor que no tenia equilibrio suficiente para poder caminar sin caer. Sin embargo sí que tenía fuerza suficiente en las piernas como para impulsarse arrastrándose por el suelo. Para los que no sepáis mucho de esto, el equilibrio depende de muchos factores pero fundamentalmente del oído y de una parte del cerebro llamada cerebelo. Si alguna región está dañada o directamente muerta la función no se vuelve a conseguir y el aprendizaje es imposible. Por ello esta mujer no conseguiría jamás el equilibrio necesario para caminar de manera autónoma y segura. Por supuesto que tenía una especie de andador, tacataca y silla de ruedas y los fisioterapeutas entrenaban la bipedestación con ayudas técnicas pero a la mujer le gustaba el suelo. Mejor dicho le encantaba. En la zona de las habitaciones y la sala de estar se desplazaba arrastrándose por el suelo desde el que trepaba para sentarse en la mesa a comer, o desde donde se subía en la silla de ruedas para hacer actividades. Le habían reservado un sitio con colchonetas y manta para que después de comer se echara una siestecita. A nadie le sorprendía. Cuando pregunté qué pensaba la familia al respecto me miraron con cara extraña, como si hubiera dicho una barbaridad. ¿Por qué tendrían que oponerse? Me decían, así es perfectamente independiente para las AVD. No necesitaba ayuda para ir al baño, ayudaba a poner la mesa y recogerla y además siempre respetaba las normas que allí había como la de sentarse en la silla para leer. Me quedé maravillado.


                  Con todo esto la impresión que me dio es que en estos centros no solo les atendían sus necesidades sanitarias y sociales sino también humanas. La forma de considerarlo era lo más parecido a lo que a cualquier persona le gustaría manteniendo al máximo la potencialidad del individuo. Y lo mejor de todo, dejaban de lado prejuicios y estereotipos sin sentido que más que humanizar deshumanizan a las personas con tanta ayuda y suplencia. Terminé mis practicas en Antinkartano (el nombre de lugar) convencido de que desde entonces el trato con mis pacientes nunca volvería a ser el mismo en muchos aspectos. Más adelante os hablaré de consideraciones más profesionales pero desde luego el concepto de trato humano ha cambiado bastante para mí. Quizá los ejemplos que he puesto no son los mejores ni los más claros pero lo que allí aprendí, viendo la atención en su conjunto, fue a tener una visión del paciente mucho más humana, aceptando mucho más sus sentimientos, pulsiones y creencias por rudimentarias que estas sean. Aprendí a cederles el derecho de ser personas de verdad.


miércoles, 26 de enero de 2011

Sovittaa ovat itsenäisiä (reconciliarse con uno mismo)



Cuando eres pequeño, casi antes de saber que eres algo en el mundo comienzas a aprender. Al principio son sonidos palabras… pequeñas cosas. Te enseñan que esto es azul, eso rojo, eso es un gatito… ¿Cómo llevarles la contraria? Más adelante ya te planteas el mundo que te rodea y recurres a las personas que crees lo saben todo: tus padres. En algunos casos, como el mío, llegando a ser terriblemente pesado. El clásico niño por qué. Supongo que en mi caso mi padre se hartó pronto de satisfacer mi enorme curiosidad porque una de las cosas que recuerdo de mi infancia es que me enseño el uso de una vieja enciclopedia. Al fin había un sitio donde casi todas las respuestas tenían contestación (aunque era un autentico coñazo recurrir a ella). Poco después me planté en esa demencia senil temporal llamada adolescencia donde crees que nadie te entiende, que todas las respuestas a las preguntas que te haces son deprimentes y por su puesto crees que tus padres no tienen ni idea de nada. Y entonces empiezas a elaborar tus propias teorías sobre todo el mundo que te rodea y a intentar (ineficazmente) pensar como un adulto.

De pronto y antes de lo que te esperas llegas a bachiller y empiezas a tener que tomar decisiones simples pero que por primera vez afectarán realmente a tu vida: estudio o no, voy a la universidad o a un módulo, aprendo un oficio, ciencias o letras…etc. Al tiempo, claro está, cosas que tenias como lógicas dejan de serlo. En mi caso, por ejemplo, un genial profesor de filosofía (tristemente fallecido hace poco tiempo) el profesor Dueñas nos retaba a preguntarnos sobre la realidad y sus porqués. ¿Acaso esta silla es real? ¿Es lo que veo, o lo que me dicen cierto? Otros, como mi profesor de física, empezaban a decirnos que las matemáticas, eso que se nos vendía como algo seguro, científico, la verdad absoluta ya no lo era tanto: había llegado la física cuántica. Y por primera vez entendí realmente lo que es ciencia: una mera suposición de la realidad.

Con todo este batiburrillo de ideas, las hormonas aún revolucionadas y la esperada pero impuesta adultez llegas a la universidad y allí todo es diferente. Tus profesores ya no son simples maestros o licenciados, son doctores o expertos en el tema (si tienes suerte) o profesores que saben mucho de la materia y han hecho muchos méritos para estar allí (si no la tienes). De pronto todo ese relativismo, toda esa invitación a pensar, esa exaltación de las capacidades intelectuales y de la curiosidad más ferviente se da de golpe con el conocimiento: esto es así porque yo soy el que sabe y punto. Por supuesto que los profesores te invitan a reflexionar (las preguntas que quieren que les hagas) y fomentan la participación en clase (siempre y cuando le hagas preguntas a su juicio “razonables”)



Más tarde superas las barreras de la pura teoría y te sumerges de lleno en la vida prelaboral, comienzas las prácticas. Allí te encuentras que la gente no solo es experta en la materia sino que te argumentan que ellos saben aún más que tus profesores porque ellos trabajan diariamente con pacientes mientras que los otros “hace años que perdieron mano”. La mejor parte de esto es que por primera vez empiezan a tratarte como un igual, como un adulto. Comprenden perfectamente que tengas dudas y que te equivoques, lo que te da mucha confianza hasta que llega la fatídica pregunta: ¿POR QUÉ?

Unas veces porque no hay tiempo y les retrasas, otras porque en ese momento están haciendo algo mas importante y otras simplemente “porque esto es así”  acabas callándote muchas de las cosas que piensas o que se te ocurren. Dejas de utilizar tu imaginación y tu lógica para encajonarla y adaptarla a lo que se espera de ti: que trabajes sin cobrar. Lo más que puedes conseguir es una carcajada del que escucha o un… eso es imposible. Cuando por fin consigues terminar tus estudios eres un recién diplomado con un montón de conocimientos que unos sabios te han metido en la cabeza y otros, más resabidos aún, han conseguido que automatices a base de hacer su trabajo.

Osoittaa itse  (Demostrar lo que vales)


                Ya has conseguido tu primer empleo y estás exultante. Es el momento de la verdad dónde tienes que darlo todo y ser el mejor profesional en tu campo (como te han enseñado antes) hasta que te topas con tus compañeros. En pocos días tienes que demostrar que estas a la altura y que eres capaz de sacar el trabajo adelante. Los pacientes pasan de ser tu objetivo único y fundamental a ser esa cosa que entorpece tu labor cada vez que habla, la que te entretiene y no te deja terminar de hacer la tarea al mismo tiempo que tus compañeros, que lógicamente, te “esperan” tomándose un café a risotada limpia. En el fondo te ayudan “así coges el ritmo, pero si necesitas algo pide ayuda” dicen, otras veces para consolarte: “si dudas de algo ¡LO QUE SEA! Pregunta y NO LA CAGUES y por supuesto hazlo como mejor te parezca pero NO TOQUES MIS PACIENTES… no sea que me mates a alguien” (esto no te lo dicen pero lo piensan). Vuelves a casa y lloras.

                La única forma de sobrevivir es imitando el comportamiento de la manada de profesionales expertos y con mano curtida y a poder ser no plantearte demasiadas cosas, o al menos solo las que son lógicas plantearse. Con el paso de los días, cuando descubres que no es para tanto y que puedes hacer “el trabajo”, empiezas a plantearte cosas a introducir modificaciones en tus rutinas y a pensar en la rutina general volviendo, de nuevo, al fatídico punto: ¿Por qué? Otra vez y para decepción tuya vuelves a darte de bruces con las risas, caras de estupor o de incredulidad del que te oye (que no escucha). ¿Cuántas buenas preguntas se quedan en este proceso? ¿Cuántas ideas autocensuradas no nos planteamos? ¿Cuántas veces hacemos las cosas sin saber realmente porque las hacemos? ¿Y si están mal lo que comúnmente se hace?
                - Los expertos dicen que esto es así
                - Te aseguro que Newton era un experto y sus matemáticas no funcionan en todos los sitios
                - Pero es que la ciencia dice que esto es así, está demostrado
                - La ciencia demuestra unas suposiciones a la espera de otras mejores
                - Que cosas más raras dices

                
 Uima alkupään (Nadar contracorriente)


                He de confesar que he sido muy tocapelotas, muy preguntón, siempre con el por qué en la boca. Aún callado sin decir nada casi siempre me he preguntado el porqué de la mayoría de las cosas, pero también me he autocensurado. Muchas preguntas que en su día me surgieron las deseché al instante por considerarlas estúpidas. ¿Cómo negar la realidad? ¿Por qué va estar todo el mundo equivocado? Nadar contracorriente es muy difícil, muchísimo. Tener una forma de pensar completamente distinta a la mayoría desgasta, quema, te consume por dentro. Dan ganas de dejarlo todo y dedicarte a algún trabajo monótono en el que no se pueda pensar mucho, solo por descansar: nadie te entiende. Los más allegados, tu familia lo intenta, pero sin conocimientos sobre salud… ¿cómo van a entender realmente la esencia de tus inquietudes? Por supuesto no digo que tenga la razón en todo, ni que sea un erudito. La mayoría de mis preguntas fueron tonterías sin sentido pero que por alguna razón me parecieron importantes en su momento (hoy ya he empezado a replantearme muchas de ellas). Solo pretendo dar a conocer que otro mundo, otra visión, otra forma de ver las cosas es posible y planteárselo en beneficioso para todos.
               
                Aún recuerdo el día que un compañero se cabreo mucho conmigo cuando le dije que yo no quería una plaza de funcionario y que me parecía un retraso para la profesión y un estorbo para el país. “¿Pero te estás escuchando las tonterías que dices? Medio país opositando, otro medio deseando poder pillar una plaza fija… ¿y tú no la quieres? ¡No me hagas reír! O el día que tome la decisión de no usar unas camas por no ser estas seguras… mi jefa echaba humo por las orejas cuando se enteró.  Por suerte por el camino encuentras algún profesional  que fue como tú pero se rindió y terminó “institucionalizándose” y te dice, en palabras de un genio como Henry Ford (inventor de la cadena de montaje y las piezas estándar), algo que no consuela demasiado pero ayuda.

 
                - Si hubiera preguntado a mis vecinos que querían- decía el señor Ford- éstos me habrían dicho que un caballo más rápido.


                Durante los 3 años de carrera (sobre todos los dos últimos) y otros casi cuatro de profesión me he sentido como un loco. Muchas veces me he autoconvencido que pensar de otra forma era erróneo porque todo mi mundo pensaba diferente (salvo algún que otro “freakyfisio” desviado xD). Hoy puedo decir que he visto otra forma de ver la sanidad. En concreto hoy he visto con mis propios ojos la respuesta que esperaba a una pregunta que hice más de una vez y la respuesta a otra que jamás me atreví a preguntar. Por supuesto no he encontrado la panacea, ni la solución para los males del mundo, pero si una visión alternativa. Quizá sea una tontería pero es algo bastante esperanzador para alguien acostumbrado a que le miren como un loco cuando dice lo q piensa.

No digo que los finlandeses sean mejores o hagan las cosas mejor que nosotros, solo digo y estoy orgullosísimo de poder decirlo: otra forma de hacer las cosas es posible, otra fisioterapia es posible, otra enfermería por supuesto es posible, en definitiva otra visión del mundo sanitario es posible. Y lo mejor: viable.