lunes, 17 de enero de 2011

Kuten omassa talossa (Como en casa)



            Existen himnos, banderas, emblemas, slogans... una infinidad de artilugios con los cuales identificarnos, hacernos participes de una institución, país o colectivo, sin embargo, las cosas que verdaderamente unen son las más simples, las que menos te imaginarias. Lo que llamaríamos como tonterías. Y es que cuando se está tan lejos de su casa ver un simple botella de vino junto a una de cocacola puede arrancarte una sonrisa nostálgica. Pero sin duda lo que más gusta, el mejor sabor de boca es cuando en mitad de una plaza llena de finlandeses uno grita: ¡TORTILLA DE PATATA! y entre todos los rostros pálidos que te miran como quien ve a un loco escapar del manicomio oyes: ¡FABADA ASTURIANA! En ese momento se produce un momento mágico de estos que parecen que suceden más despacio de lo normal (pero sin el saxofonista del 3º ensayando made in Hollywood) y se sucede una de las conversaciones más cortas pero con más sentido que conozco.
                - ¿Español?
                - ¡Ostias! ¿No me jodas?
               
Y es que el “ostias-no-me-jodas” une. Da igual que seas vasco, catalán, valenciano, argentino, mexicano o albanokosovar afincado en Burkina Faso si entiendes el “ostias-no-me-jodas” eres del club. Y es que somos así de estúpidos, ya podemos tener como vecinos a la gente más hospitalaria del universo que desde el momento que le oyes a alguien dos palabras en castellano seguidas durante por lo menos una hora esa persona se convierte en tu mejor amiga. Y lo peor, olvidamos las formalidades y que le den viento a todos los no hispano parlantes de alrededor… todos acaban sabiendo decir perfectamente joder o paella (depende que tipo de espécimen seas)

                En mi caso todo ocurrió en la sauna de mi edificio (algún día os contaré la anécdota) y pasé de conocer a la checa y a un chino con el que me cruzaba en la lavandería a conocer a casi todos los Erasmus que había en la ciudad y acababan de llegar. Así que claro, después del ostias-no-me-jodas vienen las dos preguntas clave que todo homínido ibérico pregunta sin excepción.
                * ¿Qué haces aquí? (siempre es la pregunta más tonta de todas pues lógicamente a por tabaco no han venido)
                * ¿Y la fiesta aquí que tal es?
               
                Antes de lo que me había dado cuenta estaba con tres españoles, una coreana, un alemán y un tanzano yendo en bici (con -22 ºC de temperatura y viento de cara, en alguna próxima entrada cuento la experiencia no os preocupéis) a casa de uno de ellos a jugar al póker y pasar la noche. Y la experiencia fue genial. No sólo porque la gente fuese extremadamente simpática y acogedora, también porque me di cuenta de que muchas de las cosas que me habían pasado, o había pensado, ellos ya lo habían vivido y porque por fin encontraba gente con sentido del humor mediterráneo. Y vale que la coreana y el tanzano supieran palabras castellanas (ya se sabe rodeados de hispanos...) pero lo más sorprendente es que el alemán hablaba casi mejor que yo, estudiaba español. ¡Ah! Quizá os preguntéis de dónde saque la bici: me la dejo una madrileña que no quiso venirse, total, había confianza más que de sobra: los dos hablábamos castellano.


                            Me encontré este restaurante caminando pro la ciudad y el arbusto de abajo es el "toro" que custodiaba la entrada, lo cierto es que hispano hablante no habia ni uno, todos super rubios o teñidas de moreno.... no me atreví a entrar a comer xD

Susi ja karitsannahka (el lobo y la piel del cordero)


                A semana y media de estar aquí y ya he tenido mi primera discusión gorda. Y esta vez (los que me conocéis lo sabéis) no es por una cuestión de cabezonería o polémica sino de hartazgo. Y es que estaba comenzando a sufrir el síndrome del chino todo a cien, me explico. Todos conocemos la cara que pone el típico chino que no habla ni papa de castellano y que atiende un bazar todo a cien cuando le preguntas algo concreto. El pobre que no entiende nada pone una especie de cara sonriente bobalicona (de gilipollas para los de pueblo) y te dice que si a todo muy amablemente con una sonrisa de oreja a oreja. Pues bien en este país resulta que el chino soy yo. 

                Empezaré por el principio. Durante las primeras dos semanas en el país de Santa Claus tan sólo cuatro míseros Erasmus poblábamos el etappi (especie de residencia típica de Erasmus) pero con la única que me relacionaba prácticamente era con una checa. Nos llevábamos más o menos bien con algunas salvedades de pareceres pero en general bien. Pero claro, con mi ingles de Harvad-ñilero de Harvard-cete desesperaba a la muchacha y en su buen afán samaritano me corregía uno tras otro de los múltiples fallos que cometía al hablar. Al principio lo agradeces, pero a la decimonovena vez q te corrige en cuestión de cinco minutos comienza a inflamársete un poquito el cremáster la verdad.

                Foto de mi orla, ya lo dice el refrán, de casta le viene al galgo

                Así las cosas, el día de autos no pude evitar salir con la txapela y el pasamontañas puesto de casa y con ellos ir aguantando uno tras otro los envites de mi compañera hasta que no pude más. Eran las 11.50 de la mañana y estábamos tranquilamente comiendo en la cafetería de la universidad (sí, algún día os lo explicare, esta gente está loca y come a esa hora) y nada más terminar me dice.
                - Recuerda que a las 12.30 hemos quedado con la coordinadora de la universidad, quizá deberíamos salir con tiempo.
                - Tranquila mujer si tenemos aún 40 minutos-le contesté algo sorprendido (estábamos a 200 metros del despacho)
                - Es que en la Republica Checa llegar tarde es una falta de respeto- el reloj marcaba las 11.53 minutos que lo miré
                12.00: Bueno pero es que no quiero llegar tarde
                12.02: Quizá no deberías comerte el postre no sea que no nos dé tiempo
                12.05: Es que es una mujer muy ocupada y quizá no nos pueda atender a y media.
                12.07: ¿En serio a ti no te da cosa ir con prisa?

                Resumiendo que cuando vi a las 12.10 que abría la boca lo único que puedo contar aquí que le dije es que si a los checos les gusta llegar pronto a los latinos nos gusta comer tranquilos e increíblemente lo entendió (también he de decir que el ”deja de tocarme las pelotas” y el ”si quieres te vas sola pero déjame en paz de una jodida vez” ayudaron bastante)

                Después de semejante tormentosa y temprana comida tuve la famosa reunión  con el calor de la trifulca recorriéndome las venas y lo cierto es que me vino bien. Deje de ser el chino flower-power que parece recién sacado de un anuncio de compresas y por primera vez dije que no estaba conforme con algo. No dejé que me mangonearan. Querían recortarme el periodo de prácticas clínicas y luego meterme un montón de asignaturas en la universidad (que ya aprobé en mi país de origen) y tal como tenía los humos les deje bien claro que no, sin voceríos ni palabras mal sonantes pero tajante y claro. Con arrestos, como se suele decir, un puñetazo en la mesa. Y funcionó... a medias. Cierto es que conseguí que me dejaran hacer todas las horas que quería pero me han mandado a donde Cristo perdió los tres clavos. Con lo cual lo he conseguido pero algo puteado.

                Con este post lo único que os quiero transmitir que nunca os dejéis llevar por el síndrome del Chino. Que no dominar un idioma no significa ser tonto o dejarte mangonear, significa solamente que te falta una herramienta muy útil pero que sabes muchas otras cosas más, y por supuesto que vales igual que el que lo domina. Al final de la historia después de dejar las cosas claras con la checa me llevo mejor que nunca, la coordinadora me trata mas como a un igual sin paternalismos típicos de profesores y hago prácticas en un sitio bastante interesante, lástima que pase más horas en el bus casi que escribiendo en el blog o que el billete de ida solo cueste 4 euros. Podría haber sido peor

lunes, 10 de enero de 2011

Hauska tavata (encantado de conocerte)


En nuestro país los escandinavos tienen fama de ser personas frías y distantes. Sociedades muy diferentes a nuestro abierto carácter latino y, claro, cuando el rio suena… agua lleva. No seré yo quien desdiga nuestro valiosísimo refranero pero lo cierto es que, pese a esta personalidad común tienen un sentido de la hospitalidad o de la acogida muy diferente a nosotros. Quizá porque nosotros sobreentendamos que cualquier persona es capaz de integrarse en la comunidad o quizá porque ellos, sabedores de sus limitaciones, han puesto medidas para evitar la exclusión social, tienen todo un programa de acogida perfectamente estructurado.

Unas dos o tres semanas antes de llegar a la ciudad recibí un email de una chica finlandesa donde me explicaba que ella había sido designada por la universidad como mi tutora, me dió su facebook y su número de teléfono y me insistió en que cuando supiera a qué hora llegaría a la ciudad se lo hiciera saber. Hasta ese momento, y por las referencias que tenia de mis compañeros extranjeros en España, un tutor o el encargado de los Erasmus era un estudiante referencia, autóctono, del mismo campus y al que podían consultarle dudas sobre el funcionamiento del centro que se encargaban de quedar con ellos un día para enseñarles la facultad y ayudarles con algún trámite administrativo.

Sin embargo en muchas ocasiones (como en el caso de mi ex-compañera de piso luxemburguesa) el tutor se limitaba a ser un correo electrónico durante el día y un relaciones públicas durante la noche. Y es que, una de las preocupaciones de casi todas las universidades en nuestro país (al menos de las que yo sé), es organizar una macro fiesta para todos los Erasmus a fin de que todos se conozcan y, de paso, que vean como es nuestra cultura de la fiesta y botellón. No digo que las universidades patrocinen el consumo de alcohol ni el botellón pero, mientras ellos subvencionan la entrada a una discoteca los tutores promocionan nuestro legado universitario-cultural más popular: el beber hasta caer. Puro carácter latino.


 
Al llegar a Finlandia sin embargo me sorprendió ver como mi tutora estaba esperando en la estación de trenes mi llegada. Y eso que eran nada menos que las 22.30 horas (ellos para las 22.00 ya están en la cama, los mas rebeldes se acuestan a las 22.19). Cómo la oficina de que gestiona el alquiler de las habitaciones cerraba a las 17.00 horas la muchacha se había tomado la molestia de pasarse por allí y recoger las llaves en mi nombre. Así mismo, y debido a la hora de mí llegada también se había pasado por la oficina de relaciones internacionales del campus a recoger lencería de cama, cortesía de la universidad de destino. Total que ahí se encontraba la buena mujer soportando la no menos desdeñable temperatura de -15 grados de un lunes laborable, me recogió en su coche y me acercó a un restaurante de comida rápida porque intuyó que tendría hambre: no le faltaba razón.

Cuando me dejó en mi piso creí que nunca más volvería a saber de ella, sin embargo, en las tres reuniones que tuve posteriormente con la coordinadora de estudios y la de relaciones internacionales estuvo presente. También me acompañó al centro de la ciudad a cerrar el contrato de alquiler (traduciéndomelo todo), a comprarme ropa de abrigo para la nieve, me consiguió un número de teléfono fines, me enseñó las zonas comerciales y las tiendas con mejores precios y descuentos. También me enseñó los pubs locales y las zonas de fiesta y se ofreció para salir a tomar unas cervezas el miércoles (día que los estudiantes salen de fiesta). El viernes, el día que mas me he aburrido de los que llevo aquí, una compañera checa de la residencia (algún día os hablare de ella) no se le ocurrió otra cosa que llamar a su tutor para ver que hacía. ¡Y vino con nosotros! Tomamos una cerveza por el centro y nos mostró donde se podían comprar las entradas para un partido de hockey sobre hielo (deporte de masas aquí) que se disputaba al día siguiente.

Así mismo, la coordinadora de relaciones internacionales me acompañó al hospital (ver entrada anterior) y de paso me dio un paseo en coche para enseñarme que tiendas abren también los domingos en horario continuo cerca de mi casa, donde teníamos un centro comercial cercano y, porque no decirlo donde teníamos una tienda Alko cerca (aquí el alcohol solo se puede comprar en esas tiendas) con la escusa de que tenemos el centro de reciclado de botellas justo al lado. 

Mi universidad, campus de ciencias aplicadas (biosanitario)



Con lo que me quedo de todo esto es que, aunque sí que es verdad que tienen un carácter algo frío y distante, se sobreponen a él cuando eres nuevo en una institución. Como me explicaron hace unos días ellos no se consideran cerrados, simplemente necesitan más tiempo para conseguir confianza e incluirte en su círculo o grupo social, un vez ahí son como nosotros. Por lo que cuando hablamos de que obligatoriamente ya formas parte de un grupo de trabajo como es el universitario ya no existe ninguna barrera que superar

viernes, 7 de enero de 2011

Emme luota keneenkään (No nos fiamos de nadie)

Ya soy universitario de pleno derecho. Básicamente consiste en que la universidad te de una cartulina amarilla sellada, sin foto ni plastificar ni nada, pero con ello ya puedes comer a bajo precio en la cafetería de la universidad, que te hagan descuentos en el transporte público y incluso que en ciertos restaurantes del centro te regalen la bebida con cada comida que ordenes. A los finlandeses les da lo mismo que tengas el carnet internacional de estudiante (avalado por tu país de origen) ellos no se fían de nadie. Parece una exageración pero lo cierto es que esa frase se la he escuchado (literalmente) a tres finlandesas con cargo público en la universidad, así que, será verdad. Según me han dicho el sistema universitario escandinavo (Noruega, Suecia y Finlandia) se rige por sus propios principios y reglas comunes con lo que sólo se fían de la administración y burocracia de esos países. 

Letrero de entrada en el hospital. Sí, Kaupunginsairaala significa hospital público.

Si todo se tradujera en un acuerdo conjunto de sistemas educativos no me parecería tan extraño pero este principio de desconfianza va más allá. Tienen sus propios certificados burocráticos, su propio departamento para comprobar si los justificantes bancarios son reales y para ellos los certificados médicos de otros países no son válidos en el suyo. En el caso de los certificados es realmente curioso ver como los “papeles administrativos” que se envían desde tu universidad se traducen a sus modelos burocráticos (aunque tengan el mismo formato y el que le envías esté en inglés) y se archivan conjuntamente. Más lógico es el caso de las transacciones bancarias, tú les entregas el justificante de un pago, firmas como que es real y después ellos lo envían algún secretario para que compruebe que la transacción ha sido efectuada. El que no llego a entender es porqué no son capaces de fiarse de un análisis hecho en otro país o un certificado médico, con lo que tienes que repetir de nuevo todo otra vez (lo explicare con más profundidad en otra entrada)

A pesar de esto, como para ellos es de lo más normal y cotidiano, son todo amabilidad y compresión hasta un punto tal que te genera cierta sensación de que en el fondo tienen un sistema flexible, del que por cierto se enorgullecen. No te ponen pegas a nada de lo que les dices o pides, siempre y cuando quepa en su concepción burocrática dándose ciertas conversaciones dignas de alguna película de Woody Allen.
- ¿Recuerdas que te dijimos que tenías que hacerte unos análisis obligatoriamente para poder hacer prácticas en el país?- voz cálida cercana y pausada
-  Si, aquí tengo los informes originales, te envíe las copias por mail.
- Pero es obligatorio hacérselos dos semanas antes de entrar en territorio nacional, sin estas condiciones estas excluido sistemáticamente.
- Si recuerdo que me lo dijiste y están realizados en las fechas correspondientes, selladas y con la firma de un médico especialista en la materia.-se lo explico amablemnete.
- Muy bien. Bueno ahora que está todo en regla tienes que repetir los análisis en un hospital finlandés. Hay uno cerca de aquí a menos de un kilometro.
- Pero ya me los he hecho y esta todo correcto.- Tono ya un poco más… molesto.
- Sí, está todo correcto pero bueno, nosotros no nos fiamos de nadie –sonrisa tierna– en nuestro país somos muy cuidadosos con la salud pública y si no superases los análisis estarías excluido inmediatamente para las prácticas.- imaginaros como vuestra abuela os explicaba la mejor manera para hacer galletas, con ese tono.
- Sí, estoy de acuerdo, pero esos análisis están hechos en la sanidad pública y certificados por un médico.
- Es cierto, sino no podrías hacer prácticas. Ahora solo te queda por completar nuestros análisis.- me lo dijo como dándome ánimo, tipo… ¡venga chaval que ya no te queda nada!
- ¿Pero es necesario un contraanálisis de vacunaciones? Si he completado todo el calendario vacunal, puedes consultarlo en la pagina del ministerio (le ofrezco la dirección de internet) y tengo aquí la cartilla de vacunación totalmente cumplimentada.
- Ya veo. Bueno mañana deberías hacértelos para que puedas empezar cuanto antes. Si ese hospital te queda muy lejos podemos buscar otro más cercano…

Y así hasta el infinito. Da igual lo que digas o hagas, ellos tienen su “Finland way of life” y fuera de ahí pocas cosas caben. Lo increíble es que pese a esa rigidez bastante notoria ellos cuando hablan de su sistema universitario se jactan de ser mucho más flexibles que el resto de los sistemas europeos. Algo así como que si una vez entras en su juego y sus reglas el espacio en el que moverse es mucho mayor. Aún no conozco bien el sistema con lo que ya os iré contando.
Lo único que os puedo decir es que me tocó con la enfermera Chuch Norris de todo el hospital. A parte de lo brusca que fue en casi todo (me dijo de muy mala gana que ella no hablaba inglés) al hacerme un frotis nasal me hincó la torunda hasta casi el cerebro haciéndome un daño atroz y provocando que la nariz me sangrara intermitentemente casi todo el día. En alguna entrada posterior os contare la relación finesa con el inglés.

Mas o menos esta era la apariencia de la enfermera, aunque mas viejuna


miércoles, 5 de enero de 2011

Tervetuloa Suomeen! (Bienvenido a Finlandia)



Por fin he llegado al país de papa Noel, los renos y las saunas. El viaje ha sido algo más duro de lo esperaba: ni más ni menos que 23 horas. Por increíble que parezca esto es lo que pasa por intentar hacer las cosas bien y comprar los billetes a tiempo. Resulta que las compañías aéreas aprovechan que media Europa regresa a casa por navidad para inflar un “poquito” las tarifas. Así que un viaje (Bilbao-Pori) que en condiciones normales cuesta entorno a los 100 o 150 euros se había convertido en un artículo casi de lujo, unos 300 o 350 más o menos. Lo peor es que días antes de venir surgieron como de la nada un montón de ofertas de vuelos baratos pero, para entonces, yo ya tenía mis billetes

Todo comenzó a finales de octubre cuando desde la universidad finesa me enviaron un mail diciéndome que mi curso erasmus empezaba el 3 de enero y que, obviamente, debía presentarme allí el día cuatro a mas tardar. Con este planteamiento me quedaban dos opciones: perderme a Ramón García y sus ya míticas campanadas, las borracheras de los colegas vestidos de traje, la abuela atragantándose con los polvorones y el siempre reconfortante chocolate con churros de año nuevo a las ocho de la mañana o por otro lado pasar la Nochevieja en Finlandia y ahorrándome bastante los costes del viaje.

Comencé buscando las interminables ofertas de Ryanair pero ninguna se ajustaba a mis necesidades. Más tarde algo decepcionado empecé a barajar los viajes con múltiples escalas: por Londres, Fráncfort, Copenhague, Bruselas…etc. Pero como todas se salían del presupuesto opté por salir desde Barcelona en vuelo directo a Helsinki y desde allí buscarme la vida para llegar a mi cuidad. El principio el plan no era del todo malo siempre que pudiera dormir en los transportes. Todo se resume así:
·         23.30 Salida del autobús dirección Barcelona
·         7.00 Llegada a la estación de autobuses Barcelona Sants
·         11.30 Salida del vuelo dirección Helsinki
·         16.30 Llegada al aeropuerto internacional de Vantaa-Helsinki
·         19.05 Salida del tren dirección Pori desde la estación de trenes central de Helsinky
·         22.30 Llegada a Pori

Aparcamiento de bicis de la estación de trenes de Helsinki
 

El viaje


Tengo que reconocer que aunque tirarse casi un día entero viajando no es precisamente una fiesta ha sido más fácil de lo que me esperaba. Fundamentalmente porque antes del viaje me baje toda la temporada de House (antes o después la vena friki tenía que salir) y ver a un tío hacer lo que le viene en gana riéndose de todo el que no se entera de algo es bastante reconfortante. A mí siempre me arranca una sonrisa.

Lo que más me ha impresionado del viaje ha sido las vistas desde el avión. A parte de contemplar medio continente ha sido impresionante como se nota cuando llegas a la zona de Dinamarca más o menos (digo yo que sería el país de los tulipanes porque se veían grandes masas de agua). De pronto, y en cosa de diez o quince minutos, se pasa de un esplendido sol de mediodía a un atardecer agónico y lejano. Como si hubiera un punto que dijera de aquí hacia allí empieza el frío y la poca luz. La sensación todavía de agudiza más cuando vuelves a sobrevolar tierra firme y te das cuenta que esta todo nevado y los pequeños laguillos que se ven tienen un color diferente. Están congelados. Poco después, sobre las 15.30 se dejan de ver ciudades, casi es completamente de noche y no hay luces a la vista solo nieve y lo que parece una inmensidad de naturaleza que solo se interrumpe con la visión de Helsinki. Es muy probable que sea una tontería pero cuando piensas que vas a tener que vivir en ese país y te imaginas el frio que debe hacer ahí debajo… acojona.

Una vez en el aeropuerto coincidí con unos pobres Erasmus españoles a los que la compañía aérea les había perdido el equipaje. Una putada en toda regla que unido a la barrera del idioma se hace comprensible las caras que tenían los pobres (de ello hablare en alguna otra entrada). Después de verles y ofrecerles la poca ayuda que podía decidí coger un taxi directo a la estación, no quería correr riesgos dando vueltas en una ciudad congelada y de noche. Me costó 35 euros por un trayecto de unos 20-25 kilómetros pero bien agusto que los pague. Ya no sólo era la comodidad del viaje, es que ver como un mercedes conduce a 140 km/h por una carretera helada, a -14 ºC y llenísima de nieve sin perder ni un solo momento el control me pareció un espectáculo digno de vivir.


Vias del tren camino de Pori. Si aunque no lo creais bajo esa pedazo capa de nieve hay railes y los surcos los hacen las locomotoras no estan hechos por niguna maquina-tren quitanieves

La estación de Helsinki es más bien pequeña. No es muy diferente a la estación del norte de Bilbao, de hecho creo que esta ultima tiene más andenes. Como me quedaban dos horas libres me senté en un bar de la estación a tomar un café. Creo que es la primera cosa que realmente me ha extrañado de lo poco que sé aun del país: el café. Su café es diferente, aun no sé si por la forma de prepararlo o por la materia prima sabe distinto… más bien malo. Hasta ahí todo normal lo que me sorprendió es que si le echas azúcar ¡el sabor empeora! Pero empeora hasta unos límites inimaginables, tuve que hacer verdaderos esfuerzos para no escupirlo según lo estaba bebiendo y más teniendo en cuenta que tenía enfrente a la tendera, una señora entrada en años con cara buena persona y que no entendía una sola palabra de lo que decía ni en ingles ni en suomi. Total que tras aguantar el vomito me metí en el tren, que es increíblemente cómodo y ergonómico, y casi ni me enteré del viaje hasta que un revisor me despertó diciéndome que era la última parada: Pori

Después de todo podría haber sido peor, podría estar ahora mismo sin equipaje acordándome de la familia de algún operario del aeropuerto catalán o haberme perdido en mitad de una capital desconocida y haberme quedado sin el tren. O incluso podría no haber sido despertado por el revisor y amanecer en las cocheras de los trenes (en Bilbao conozco a más de uno que ha despertado en las cocheras de metro) Con lo cual a sido un viaje de los mas normalito, pero algo tenía que escribir aquí, aunque solo fuera decir sí hace frio. Aún así, yo tampoco lo creería al ver las fotos de las bicis ni la ingente cantidad de nieve que había por todos los sitios pero -14 ºC no es tanto frio como aparenta.