miércoles, 16 de febrero de 2011

Suomen yksi päivä (Un día finlandés)

                Una de las cosas que se oyen sobre los escandinavos es su frialdad. Desde el momento en el que decides venir hacia aquí mucha gente de tu entorno de una forma o de otra te previene de lo que ellos piensan que te vas a encontrar aquí. Es muy típico oír que son fríos, distantes y poco amigos de relacionarse en público y en cierta forma lo son, pero a su modo no como nosotros lo entendemos.

                Cuando llegué aquí me sorprendió cómo me acogió la universidad y cómo, poco después, me trataban en clase. Los finlandeses son callados, vergonzosos y les gusta mantener cierta distancia con las personas que se relacionan pero son extremadamente amables y hospitalarios. Sé que suena raro, y de hecho si me lo hubiesen dicho en mis primeras semanas aquí a mí también me lo hubiera resultado, sin embargo cuando llevas aquí un tiempo y conoces su forma de ser, cuando logras empezar a entender su forma de ver la vida te das cuenta de que lo que te han contando no es cierto. Comienzas a darte cuenta que suelen ser muy educados y que si se lo pides te ayudan en cualquier cosa. No es común, en cambio, que se ofrezcan ellos solos (son muy vergonzosos) pero esto no significa que no quieran ayudar. 

                Hace unas semanas mi profesora de prácticas me invitó a comer a su casa. Yo bastante extrañado ante esta invitación la rechacé lo más escusadamente posible ya que me parecía algo bastante extraño. Pero la invitación siguió hay día tras día, hasta que tuve que aceptar. Antes de que penséis que mi profesora estaba un poco loca (aunque un poco quizá sí que lo estuviera) he de decir que la relación alumno-profesor en Finlandia es mucho más estrecha que en nuestro país (ya os lo explicare en algún otro post)



                              Estos son los arboles tipicos de aqui, perdonad que no salgan enteros pero es que son enormes los jodios.


                Llegó el famoso día y después de la práctica me llevo en coche hasta su casa. Vivía en un pueblecito de no más de 80 habitantes en torno al lago Pyhäjärvi en el interior muy cerca de Ulvila a unos 50 kilómetros de la ciudad. Ella, que se hacía todos los días ese recorrido para ir a trabajar, no entendía muy bien mi cara asombrada. Todo eran arboles enormes y vegetación solo interrumpida por una carretera estrecha y serpenteante llena de nieve y grava que tenía continuos cambios de rasante: era como ir por una carretera de rally. 

                Al llegar a la casa me di cuenta que el pueblo consistía en múltiples casas de dos alturas esparcidas por un inmenso páramo casi sin árboles donde todo eran campos de cultivos ahora ocultos por la nieve. Alrededor de la casa había unos tres turismos, dos tractores una especie de cabaña garaje donde unos chavales arreglaban otro coche, varias motos y una montaña de troncos de árboles cortados en pedazos. Mi primera impresión fue como la de una película mala de tele 5 por la tarde: típico yankee urbanita que llega a un área rural llena de red necks” donde todo es estrambótico, nada más lejos de la realidad.


Minne menetkin, näetkö (Allá donde fueras haz lo que vieras)


                Tras las presentaciones de rigor, me invitaron a pasar a su casa y dejar mis cosas. Me dieron un par de esquíes y dos bastones y… ¡hala, a esquiar! Aún no os lo he contado pero si hay algo que les encanta a los finlandeses es el esquí de fondo. Siendo sincero, no le encuentro la gracia. Vale que esquiar es divertido, pero es divertido cuando bajas cuestas no cuando además de andar por terreno llano de vez en cuando tienes que subir repechos. Así que puse buena cara y traté de esquiar lo mejor que pude (otro día os explico mi relaciona amor odio con el esquí)

                Se nos hizo de noche (cosa que agradecí) así que tras hora y media besando nieve con la cara decidimos que lo mejor era comer algo para cenar. La planta baja de la casa era de un solo habitáculo presidido por una enorme estufa de leña que servía de horno tipo italiano, tenía un habitáculo para horno europeo (que no usaban) y unas tuberías vistas que subían a la planta de arriba y calentaban las habitaciones. La cocina, comunicada por el comedor, destacaba por su desorden: no es una parte fundamental en la vida finesa. El salón, como el de la mayoría de los europeos, giraba en torno a una gran televisión pero dejaba espacio suficiente para el esparcimiento. Más allá de los sofás, a mano izquierda había una mecedora biplaza con un revistero y útiles de ganchillo a su lado. A la derecha y en curiosa relación con las escaleras de subida había una maquina de correr y una bicicleta estática. La decoracion no era muy profusa, eso si, todo estaba hecho en madera. Le daba un aspecto acogedor aunque muy diferente a lo que seria nuestra forma de entender lo acogedor. Por poner un ejemplo no había cortinas y apenas cuadros decoraban una sosa pared monocromática.




Cuando todavía no estaban todos en la mesa comenzaron a servir la cena y a… la palabra es engullirla. Aún no os he hablado de la gastronomía finlandesa así que no os daré muchos detalles, sólo os diré que cuando estás en un sitio extraño no puedes andarte con remilgos ni descortesías así que, si te ponen spaguetti con kétchup o una especie de bocadillo de pan sabor a regaliz con mantequilla lonchas de queso graso y rodajas de pepinillos en vinagre por encima hecho con todo el amor del mundo… te lo comes con una sonrisa de oreja a oreja aunque por dentro eches de menos que Arguiñano no tenga videos con subtítulos en finés.
            
          Lo que vino después os lo contare en el siguiente post que este me está quedando muy largo y tampoco quiero aburriros

martes, 15 de febrero de 2011

Ystävänpäivä (San Valentin)

            

          Una de las cosas mas divertidas en ocasiones y aterradoras en otras de irse a un país totalmente desconocido para ti es que no tienes ni idea de su legado cultural. Por supuesto que antes de llegar te informas y te previenes de como funcionan las cosas pero llega un momento que te relajas. Y te relajas por que comienzas a entender que todo es diferente: se hacen bocadillos de queso y mantequilla y se rebozan en la nieve en pelotas después de la sauna. Lo curioso viene cuando las cosas que das por hecho que son iguales para todo el mundo no lo son tanto. Son tonterías pequeñas cosas que te hacen sonreir y recordar tu país de origen. Una de esas cosas a sido San Valentin.

            Esta claro que por muy finlandeses que sean beben Cocaola como todo el resto de Europa y les encanta comerse una hamburguesa o su cuidad esta poblada de Kebab's, por que San Valentin iba a ser distinto? El caso es que yo me levante por la mañana para ir a clase y nada más llegar todo el mundo se felicitaba San Valentin (incluso la profesora) Al principio la cosa era un poco extraña pero comprensible: el Corte Inglés habia invadido con sus tentáculos Finlandia y les había comido a todos el coco.

           La cosa se tornó algo extraña cuando en la pausa para café se acerco una de las finlandesas y me felicitó San Valentin con un apretón de manos cercano tipo abrazo mirandome a los ojos, diciendome algo asi como eres mi Ystävänpäivä. Y claro como todo macho iberico en una ocasión así tu cerebro empieza asociar ideas y llega a la conclusión las lógica (para nosotros) HE PILLADO CACHO!  Minutos más tarde me crucé con mi monitora y y ocurrió algo muy similar pero aún mejor: como ella y yo si que nos conociamos más y teniamos mas confianza lo suyo fue un abrazo franco y afectuoso. Y claro mi cerebro volvió ha hacer otra espectacularmente rapida asociacion de ideas llegando a la conclusión más lógica de todas: ERES EL PUTO AMO!
          



          Pero justo un instante depués ya me sonaba todo muy raro. Dos chicos de la misma mi clase me dijeron lo mismo y yo, iberico de mi, me mostre estupidamente frio con la sonrisa forzada y mi cerebro burbujeante de tanta asociacion de ideas solo repetía...PERO QUE ESTA PASANDO AQUI!

         Al final resulta que para los fineses San Valentín o como ellos lo llaman Ystävänpäivä, es el día de los amigos. Estos pobres me estaban mostrando su amistad, los supuestos "fríos y cerrados" .De hecho algunos, los más cercanos, quedaron para cenar en el centro de la ciudad eso sí, sin intercambiarse más regalos que la buena compañía. En las cafeterías de la universidad con cada café te regalaban un bombón de chocolate y muchas tiendas y restaurantes ofrecían importantes descuentos a sus clientes mas habituales: Una autentica exaltación de la amistad

          Y es que al final va a ser verdad lo que dicen muchos erasmus cuando vuelven: aunque vayas sin boina se sigue viendo a kilometros que eres parte del universo vente pa' españa Pepe!





viernes, 11 de febrero de 2011

Aikataulut (Horarios)


                Cuando viajas a otro país es normal que ciertas cosas te resultes extrañas, diferentes o simplemente que te cueste adaptarte a ello. Cuando apareces en Finlandia te quedas con la sensación no sólo de que ellos sean diferentes sino que aunque quieras y te adaptes tu cuerpo se comporta como le da la gana.
               
                 Lo primero de todo (y lo mas subjetivo seguramente) es la luz. Aquí la luz es diferente. Como en todos los pueblos de este ancho planeta por supuesto que hay sol y se ve cuando andas por la calle pero en realidad aquí el sol hace lo que le da la gana. Para empezar aquí el sol no trabaja: está. Tu le ves hay a los lejos, apenas se levanta un palmo del horizonte y se marcha. Más que amanecer… recula. Y es que aquí no sale o se pone el sol, se ve que en su inmenso recorrido por la tierra en Finlandia debe tener una chicán. Y si crees que va a mitigar las temperaturas durante su triste recorrido vas listo. No he hecho la prueba pero estoy convencido que con este sol de circunstancias necesitas una lupa del tamaño de un coche para poder quemar un papelillo.


                     Esta es la ribera del rio a las una y media dos de la tarde mas o menos de mediados de enero. Al ojo humano aun parece más oscuro que con la camara por lo que estando alli la grúa aún se vería con menos claridad


 Amanece a eso de las 9.30 o 10 de la mañana a primeros de enero, lastimoso, perezoso que parece que no vaya a terminar de despegarse del horizonte nunca y cuando lo consigue, a eso de las 12 o 13 ya agotado del esfuerzo torna en anochecer y desaparece por completo a eso de las 15 -16 horas. Por supuesto que según avanza el año los días cada vez son más largos y la sensación de vivir en una noche perpetua desaparece pero las dos o tres primeras semanas es horrible. Vives en una penumbra continua. Y tu cuerpo se comporta como con jet-lag permanente. Te sientes medio abatido, cansado, con ganas de dormir todo el día. Y cuando llega la noche sin sueño. Al principio yo cometía el error de echarme una siesta corta para mitigar el cansancio de no hacer nada que tenía. Pero luego era imposible dormirse a una hora normal por la noche.

El otro problema que hay y que ayuda poquísimo es los horarios de los fineses. Estan locos. En serio esta gente tiene algún tipo de trastorno psicoconductual porque lo suyo no es normal. Se levantan a una hora relativamente prudente: entre las 6 y las 7 de la mañana dependiendo si tienen que viajar mucho hasta su trabajo (la actividad comercial  comienza a las 8 de la mañana). Comen entre las 10.30 y las 12.30 pero en realidad a las 12.30 comen los cocineros cuando ya no queda nadie en el local. Y lo mejor de todo es que te miran con cara de asombro cuando llegas sobre esa hora. Una mirada tipo… ¿Pero porque no has venido antes si llevamos aquí desde las 10.30?

Así a priori se podría pensar que hacen un desayuno ligero para poder comer… pero no. Desayunan una barbaridad y lo más sorprendente es que tienen mucha costumbre de llevarse un panecillo, una especie de bimbo con parte del desayuno o un yogurt y fruta para comérselo mientras se toman el café nada más llegar al trabajo, vamos un re-desayuno. Aquí la típica conversación mañanera de bar de ponme un con leche manolo a toda pastilla que tengo el coche en doble fila no se estila. 

                          Este es una especie de pan que se llevan para redesayunar (que por cierto esta buenissimo) que dentro tiene una especie de puré de arroz con huevo y harina. Lo malo que le untan mantequilla para comerselo y para mi gusto... lo estropean


Lo que no termino yo de entender, y mira que lo intento es la cena. Aquí se cena a las 4.30 las 5 no mas tardar. El que cena a las 6 suele ser el pringao que sale tarde de trabajar y por ende cena solo en su casa ya que aquí las familias no esperan. Y se meten en la cama a las para las 22 ya están todos durmiendo. Y aquí es lo que no entiendo: entre las cuatro y las diez… ¿NO TIENEN HAMBRE? Pues parece ser que no y que antes de dormir se toman el universal vaso de leche con galletas, un pis para no cortar le sueño y a la cama.

Como veis esto de adaptarse es una jodienda. Me pasado un mes comiendo sin hambre y forzándome a comer muchas veces porque si apuraba quince minutos más me quedaba sin nada. Con el tiempo el cuerpo se me ha adaptado mejor y ya no lo noto tanto. Cierto es también que con las grandes nevadas que hubo hacia la segunda semana la luz, aunque escasa, refleja en la nieve haciendo las calles bastante más luminosas de lo que realmente son. De hecho para los fineses la peor estación del año es el otoño y no el invierno como supondríamos. Hace frio pero aún llueve y al no haber nieve en las calles los días, según dicen, son oscuros y sombríos. Como veis… siempre podría ser peor.


miércoles, 26 de enero de 2011

Sovittaa ovat itsenäisiä (reconciliarse con uno mismo)



Cuando eres pequeño, casi antes de saber que eres algo en el mundo comienzas a aprender. Al principio son sonidos palabras… pequeñas cosas. Te enseñan que esto es azul, eso rojo, eso es un gatito… ¿Cómo llevarles la contraria? Más adelante ya te planteas el mundo que te rodea y recurres a las personas que crees lo saben todo: tus padres. En algunos casos, como el mío, llegando a ser terriblemente pesado. El clásico niño por qué. Supongo que en mi caso mi padre se hartó pronto de satisfacer mi enorme curiosidad porque una de las cosas que recuerdo de mi infancia es que me enseño el uso de una vieja enciclopedia. Al fin había un sitio donde casi todas las respuestas tenían contestación (aunque era un autentico coñazo recurrir a ella). Poco después me planté en esa demencia senil temporal llamada adolescencia donde crees que nadie te entiende, que todas las respuestas a las preguntas que te haces son deprimentes y por su puesto crees que tus padres no tienen ni idea de nada. Y entonces empiezas a elaborar tus propias teorías sobre todo el mundo que te rodea y a intentar (ineficazmente) pensar como un adulto.

De pronto y antes de lo que te esperas llegas a bachiller y empiezas a tener que tomar decisiones simples pero que por primera vez afectarán realmente a tu vida: estudio o no, voy a la universidad o a un módulo, aprendo un oficio, ciencias o letras…etc. Al tiempo, claro está, cosas que tenias como lógicas dejan de serlo. En mi caso, por ejemplo, un genial profesor de filosofía (tristemente fallecido hace poco tiempo) el profesor Dueñas nos retaba a preguntarnos sobre la realidad y sus porqués. ¿Acaso esta silla es real? ¿Es lo que veo, o lo que me dicen cierto? Otros, como mi profesor de física, empezaban a decirnos que las matemáticas, eso que se nos vendía como algo seguro, científico, la verdad absoluta ya no lo era tanto: había llegado la física cuántica. Y por primera vez entendí realmente lo que es ciencia: una mera suposición de la realidad.

Con todo este batiburrillo de ideas, las hormonas aún revolucionadas y la esperada pero impuesta adultez llegas a la universidad y allí todo es diferente. Tus profesores ya no son simples maestros o licenciados, son doctores o expertos en el tema (si tienes suerte) o profesores que saben mucho de la materia y han hecho muchos méritos para estar allí (si no la tienes). De pronto todo ese relativismo, toda esa invitación a pensar, esa exaltación de las capacidades intelectuales y de la curiosidad más ferviente se da de golpe con el conocimiento: esto es así porque yo soy el que sabe y punto. Por supuesto que los profesores te invitan a reflexionar (las preguntas que quieren que les hagas) y fomentan la participación en clase (siempre y cuando le hagas preguntas a su juicio “razonables”)



Más tarde superas las barreras de la pura teoría y te sumerges de lleno en la vida prelaboral, comienzas las prácticas. Allí te encuentras que la gente no solo es experta en la materia sino que te argumentan que ellos saben aún más que tus profesores porque ellos trabajan diariamente con pacientes mientras que los otros “hace años que perdieron mano”. La mejor parte de esto es que por primera vez empiezan a tratarte como un igual, como un adulto. Comprenden perfectamente que tengas dudas y que te equivoques, lo que te da mucha confianza hasta que llega la fatídica pregunta: ¿POR QUÉ?

Unas veces porque no hay tiempo y les retrasas, otras porque en ese momento están haciendo algo mas importante y otras simplemente “porque esto es así”  acabas callándote muchas de las cosas que piensas o que se te ocurren. Dejas de utilizar tu imaginación y tu lógica para encajonarla y adaptarla a lo que se espera de ti: que trabajes sin cobrar. Lo más que puedes conseguir es una carcajada del que escucha o un… eso es imposible. Cuando por fin consigues terminar tus estudios eres un recién diplomado con un montón de conocimientos que unos sabios te han metido en la cabeza y otros, más resabidos aún, han conseguido que automatices a base de hacer su trabajo.

Osoittaa itse  (Demostrar lo que vales)


                Ya has conseguido tu primer empleo y estás exultante. Es el momento de la verdad dónde tienes que darlo todo y ser el mejor profesional en tu campo (como te han enseñado antes) hasta que te topas con tus compañeros. En pocos días tienes que demostrar que estas a la altura y que eres capaz de sacar el trabajo adelante. Los pacientes pasan de ser tu objetivo único y fundamental a ser esa cosa que entorpece tu labor cada vez que habla, la que te entretiene y no te deja terminar de hacer la tarea al mismo tiempo que tus compañeros, que lógicamente, te “esperan” tomándose un café a risotada limpia. En el fondo te ayudan “así coges el ritmo, pero si necesitas algo pide ayuda” dicen, otras veces para consolarte: “si dudas de algo ¡LO QUE SEA! Pregunta y NO LA CAGUES y por supuesto hazlo como mejor te parezca pero NO TOQUES MIS PACIENTES… no sea que me mates a alguien” (esto no te lo dicen pero lo piensan). Vuelves a casa y lloras.

                La única forma de sobrevivir es imitando el comportamiento de la manada de profesionales expertos y con mano curtida y a poder ser no plantearte demasiadas cosas, o al menos solo las que son lógicas plantearse. Con el paso de los días, cuando descubres que no es para tanto y que puedes hacer “el trabajo”, empiezas a plantearte cosas a introducir modificaciones en tus rutinas y a pensar en la rutina general volviendo, de nuevo, al fatídico punto: ¿Por qué? Otra vez y para decepción tuya vuelves a darte de bruces con las risas, caras de estupor o de incredulidad del que te oye (que no escucha). ¿Cuántas buenas preguntas se quedan en este proceso? ¿Cuántas ideas autocensuradas no nos planteamos? ¿Cuántas veces hacemos las cosas sin saber realmente porque las hacemos? ¿Y si están mal lo que comúnmente se hace?
                - Los expertos dicen que esto es así
                - Te aseguro que Newton era un experto y sus matemáticas no funcionan en todos los sitios
                - Pero es que la ciencia dice que esto es así, está demostrado
                - La ciencia demuestra unas suposiciones a la espera de otras mejores
                - Que cosas más raras dices

                
 Uima alkupään (Nadar contracorriente)


                He de confesar que he sido muy tocapelotas, muy preguntón, siempre con el por qué en la boca. Aún callado sin decir nada casi siempre me he preguntado el porqué de la mayoría de las cosas, pero también me he autocensurado. Muchas preguntas que en su día me surgieron las deseché al instante por considerarlas estúpidas. ¿Cómo negar la realidad? ¿Por qué va estar todo el mundo equivocado? Nadar contracorriente es muy difícil, muchísimo. Tener una forma de pensar completamente distinta a la mayoría desgasta, quema, te consume por dentro. Dan ganas de dejarlo todo y dedicarte a algún trabajo monótono en el que no se pueda pensar mucho, solo por descansar: nadie te entiende. Los más allegados, tu familia lo intenta, pero sin conocimientos sobre salud… ¿cómo van a entender realmente la esencia de tus inquietudes? Por supuesto no digo que tenga la razón en todo, ni que sea un erudito. La mayoría de mis preguntas fueron tonterías sin sentido pero que por alguna razón me parecieron importantes en su momento (hoy ya he empezado a replantearme muchas de ellas). Solo pretendo dar a conocer que otro mundo, otra visión, otra forma de ver las cosas es posible y planteárselo en beneficioso para todos.
               
                Aún recuerdo el día que un compañero se cabreo mucho conmigo cuando le dije que yo no quería una plaza de funcionario y que me parecía un retraso para la profesión y un estorbo para el país. “¿Pero te estás escuchando las tonterías que dices? Medio país opositando, otro medio deseando poder pillar una plaza fija… ¿y tú no la quieres? ¡No me hagas reír! O el día que tome la decisión de no usar unas camas por no ser estas seguras… mi jefa echaba humo por las orejas cuando se enteró.  Por suerte por el camino encuentras algún profesional  que fue como tú pero se rindió y terminó “institucionalizándose” y te dice, en palabras de un genio como Henry Ford (inventor de la cadena de montaje y las piezas estándar), algo que no consuela demasiado pero ayuda.

 
                - Si hubiera preguntado a mis vecinos que querían- decía el señor Ford- éstos me habrían dicho que un caballo más rápido.


                Durante los 3 años de carrera (sobre todos los dos últimos) y otros casi cuatro de profesión me he sentido como un loco. Muchas veces me he autoconvencido que pensar de otra forma era erróneo porque todo mi mundo pensaba diferente (salvo algún que otro “freakyfisio” desviado xD). Hoy puedo decir que he visto otra forma de ver la sanidad. En concreto hoy he visto con mis propios ojos la respuesta que esperaba a una pregunta que hice más de una vez y la respuesta a otra que jamás me atreví a preguntar. Por supuesto no he encontrado la panacea, ni la solución para los males del mundo, pero si una visión alternativa. Quizá sea una tontería pero es algo bastante esperanzador para alguien acostumbrado a que le miren como un loco cuando dice lo q piensa.

No digo que los finlandeses sean mejores o hagan las cosas mejor que nosotros, solo digo y estoy orgullosísimo de poder decirlo: otra forma de hacer las cosas es posible, otra fisioterapia es posible, otra enfermería por supuesto es posible, en definitiva otra visión del mundo sanitario es posible. Y lo mejor: viable.

martes, 25 de enero de 2011

Jää (Hielo)

Durante estos veinte días que llevo aquí he ido viendo cada pocos días como el hombre del tiempo relataba alegremente (con una sonrisa cincelada, a lo Profident) cómo y de qué manera se me iban a congelar las canillas de forma increíblemente precisa. Cierto es que no le entiendo cuando habla (habla en finlandés) pero cuando te plantan un mapa de isobaras y ves como a medida que avanza un relojillo que ponen arriba a la izquierda, se va acercando por lo que serían las azores escandinavas, una masa de aire bufanda al cuello y al mismo tiempo cómo el termómetro se desploma… te haces una idea. Pero el presentador ni se inmuta, mantiene el tipo, ningún gesto a cámara…nada. ¿Os imagináis a nuestro Mario Picazo diciendo: “Bueno señores mañana la temperatura máxima será de -10 ºC que se alcanzarán a eso de las once del mediodía para caer paulatinamente hasta las cinco y desplomarse definitivamente hasta los -22 ºC al final de la noche“ sin ningún tipo de gesto? Tampoco algo ingenioso, no sé un breve: “Aprovechad que aun podéis y llamad a vuestras familias para despediros, mañana si salís a la calle moriréis. Un saludo eso es todo.”

                      Hombre del tiempo mas famoso en Finlandia

Pues resulta es que el otro día sí que hizo gesto, algo breve, una especia de sonrisa maligna, la típica que te dice ya verás, ya, no entiendes suomi pero lo vas a vivir igual”. Cosa que no era muy comprensible ya que el viento que ponían estaba de color rojo y el termómetro estaba más lleno que nunca. Total que llego el fatídico día y el termómetro marcaba +2 grados. Así que, con una sonrisa de oreja a oreja, me fui a la calle y nada más pisarla (y caerme) me di cuenta de lo que pasaba: La nieve se había derretido pero sólo parcialmente y ahora era todo hielo.


                        Producto del deshielo el agua del canalon deshace una pequeña parte de la acera dejando al descubierto la capa de hielo. Si, todo ese espesor es hielo.



Creo que ha sido una de las experiencias más penosas de mi vida. Dar dos pasos y resbalar. Cruzas con cuidado y cuando ya te ves seguro en la acera, patinazo del pie de apoyo: horrible. Por suerte no me he caído muchas veces pero amagos, aspavientos, los típicos uyuyuyuyi-que-me-la-doy a puñados. Para el peatón medio el hielo es un problema importante pero para los coches, las bicicletas y las abuelillas con andadores imaginaros. No es que haya accidentes, ni atropellos (controlan muchísimo el coche) pero se te ponen de corbata cada vez que intentas cruzar. Y es que cuando un coche frena en la nieve se le oye (y se le oye mucho, como cuando clavan los frenos en asfalto seco) pero el hielo no suena. Con lo cual la primera impresión que te da es que no ha frenado o no te ha visto. Así que aumentas la velocidad hasta parecer un Usain Bolt y cuando llegas a la acera (si no te has caído) ves como ese coche tan peligroso, ha frenado a dos metros del ceda el paso y la señora con el carrito andador que cruzaba a la vez que tú te mira como si fueses tonto.

             Carretera en bastante buen estado para circular (las ahi peores) Y sí, todo lo que parece asfalto es hielo


Pero lo peor de que todas las aceras estén cubiertas de hielo es que tú no lo sabes. Aún no has aprendido a manejarte en un terreno tan hostil, y no te sabes los códigos. Que una acera parece limpia, sin hielo, sin nieve, perfecta para caminar… ¡es una trampa mortal! Eso que crees seguro es un puro bloque de hielo pulido esperando que cualquier pobre diablo lo pise. Que ves una montonera de nieve deshelando, grisácea y medio trasparente con agüilla, ahí donde no pisarías ni aunque te pagasen…es el único sitio donde no te resbalas. Si el deshielo es lo que tiene, todo lo que parece escarcha aún conserva nieve y agarra, todo lo que parece normal es puro hielo.  Lo mejor de todo es que ya me he acostumbrado a andar sobr el hielo , aún así, al final del día os aseguro que eché de menos el frío.


                    Acera de la muerte, un infierno cruzarla (lo mas oscuro es la acera y es puro hielo)