miércoles, 27 de abril de 2011

Oikeus olla ihmisiä (Derecho a ser personas)



                Una de las cosas interesantes que hago en Finlandia son las prácticas clínicas en centros sanitarios. Prácticamente a eso he venido a hacer, académicamente hablando, y es una de los puntos fuertes en mi decisión de venirme a este país. Como podréis imaginar muchas cosas aquí son diferentes tanto para bien como para mal haciendo que la comparación entre un sistema y otro sea, como se suele decir odioso. Sin embargo una de las cosas que poderosamente me llamo la atención desde el principio poco tenía que ver con sistemas de trabajo o protocolos, era el trato humano y sobre todo la consideración hacia el paciente.

Concretamente estuve en una residencia y centro de día de pacientes con daño cerebral, tanto adquirido como congénito. Ni que decir tiene que tanto en España como en Finlandia el respeto hacia estos es fundamental pero se lleva de manera diferente. Mientras en la península no hacemos más que suplir paternalistamente habilidades que creemos que no tienen, en Finlandia se potencian. Pero se potencian hasta unos límites barbaros. Aquí todos manejan cotidianamente dinero que ganan y gastan en la misma residencia, tienen un trabajo asignado en el centro sin el que es evidente que habría cosas que funcionarían peor y sobre todo tienen las pulsiones y necesidades humanas muy consideradas y toleradas.

  Si es posible, que sean ellos quien guien su camino, no caigamos en la sobreprotección.


                Estando un día en el comedor observé que todos los individuos con habilidades motoras mínimas se servían la comida del buffet. Uno de ellos concretamente se le notaba que tenía problemas para realizar dos tareas a la vez sino se esforzaba mucho. Tareas básicas como puede ser sujetar un plato con una mano y una cuchara con la otra. Cuando tuvo su comida en la bandeja y se dirigía hacia la mesa se choco con una banqueta que por allí había derramando el vaso de agua dentro del plato de comida. Imaginad que si para muchas personas ya es costoso evitar accidentes al transportar la bandeja, para él, que no puede controlar bien sus emociones, andar hasta la mesa relamiéndose ansioso por lo bueno de la comida y evitar tropezar es casi imposible. Pues cuando se tropezó ningún cuidador le ayudó a recogerlo. Y no solo eso, lentamente el hombre poso la bandeja dos o tres metros más allá en una mesa cercana volvió al sitio donde se había tropezado, exclamó una especie de grito mientras se auto propinaba un collejon importante, se tomo un tiempo para lamentar lo sucedido y cogió la bandeja de nuevo para cambiar el plato.

Le dejaron cagarse en todo, acordarse de su familia, de la familia del médico que descubrió su síndrome y hasta del que dejó la banqueta ahí para retomar su tarea libre de tensiones reprimidas… como cualquier persona. ¿Quién no se hubiera “cagado en tó” como mínimo? En España un cuidador se habría acercado, le habría ayudado a recoger el agua derramada o simplemente no le habría dejado lamentarse sino que le habría indicado el camino más corto hacia la mesa frustrando al paciente y dejándolo sin algo tan humano como decirse a uno mismo lo torpe que se es. Además que el hecho de no poder descargar su ira probablemente hubiera interferido en sus habilidades posteriores haciéndolas más nerviosas y torpes. Pero no fue así, y nuestro protagonista volvió a ponerse en la fila y pacientemente reemplazó su plato aguado por uno nuevo, volvió a la mesa recogió en agua derramada en el suelo y se puso a comer con el resto del grupo sin ningún problema.

                Otra cosa muy curiosa de la cafetería donde comían es que tenían que pagarse la comida. Era obligatorio. Por supuesto que todos los trabajadores de la cafetería conocían a los residentes pero aún así, si estos no enseñaban el vale de la comida que les daban en el trabajo o pagaban por su comida y café no había ni comida ni café. Que injusticia pensé yo al principio, pero pronto descubrí que nada más lejos de la realidad. Les obligaban a pagar por un servicio que el resto de los mortales paga por tener. ¿Acaso el resto no trabajamos para procurarnos comida, ropa y otros bienes? ¿Para qué trabajar si todo te lo dan gratis? En realidad el dinero es lo de menos. Pagar significa un medio para valorar el esfuerzo que supone levantarse todos los días para realizar una tarea importante para la comunidad y además aprender habilidades que les sirven para integrarse en la sociedad. Esto en nuestro país no pasa, al menos no en los sitios donde yo he trabajado. Allí los pacientes tienen un trabajo asignado por el cual reciben un sueldo simbólico pero tienen todos los servicios gratuitos. Esto provoca que por un lado cuando se reintegran en alguna actividad en la sociedad no valoran el dinero o lo malgastan en tonterías y por otro lado en momentos de apatía o depresión pierden el sentido e interés del trabajo que es lo que les conecta con el resto de comunidad y sirve a tiempo de terapia. Ni que decir tiene que para conseguir esto, detrás hay un trabajo descomunal de maestros y educadores quienes tienen que enseñarles como utilizar bien el dinero.

        Grupo de discapacitados de una asociacion local


                Trabajan en sitios muy útiles. Como en nuestro país, ellos también dividen el trabajo en función de las características de las personales de cada sujeto haciendo que muchos trabajos sean de lo más simple. Por supuesto, como allí, aquí también entran en talleres donde hacen chapas, botones, alfombras u objetos decorativos que, después, otras tiendas venden la ciudad. En concreto realizaban unas alfombras preciosas tipo Ikea que estuve a punto de comprar pero no pude pues las que tenían estaban almacenadas y formaban parte de un pedido próximo. El resto de los trabajos eran trabajos que realmente tenían un valor para la comunidad. Los hacían los menos independientes aquellos a los que sentirse útiles es más importante. Unos despejaban la nieve de las aceras, otros arrastraban los carros con los productos descargados de los camiones que traían todos los días materiales para la fábrica o las cocinas, otros ayudaban en la elaboración de la repostería que después todos degustaríamos en la comida y algunos (me pareció el trabajo más curioso de todos) se encargaban de poner todas las plantas en la mesa de regar para después quitarlas de ahí y devolverlas a su sitio. Resulta que una de las terapias que tienen es hacerles cargo del cuidado de una planta decorativa que colocan luego en las habitaciones. Pues bien se inventaron la “mesa de regar” para que los menos hábiles, con ayuda de cuidadores, tuviesen un trabajo útil que hacer. 

                También es muy llamativo como respetan los gustos de los individuos. Por ejemplo no les parece mal en absoluto que una persona de un sexo adquiera por gusto estético las costumbres del otro sexo. En concreto y como algo curioso un chico con síndrome de Down solía llevar las uñas pintadas porque le encantaba vérselas rojas ¿Por qué no? También otro muchacho joven de allí lucia un peinado bastante femenino, lo mismo que una mujer algo mas entrada en años llevaba una cresta al más puro estilo grunge radical bastante masculino por cierto. Y nadie se lleva las manos a la cabeza. Si lo pensamos bien que mas da la estética que lleves mientras se vaya agusto con uno mismo. Una lástima que en nuestro país no seamos así.

                Otra de los residentes que me llamo la atención sobremanera fue una mujer ya algo mayor que no tenia equilibrio suficiente para poder caminar sin caer. Sin embargo sí que tenía fuerza suficiente en las piernas como para impulsarse arrastrándose por el suelo. Para los que no sepáis mucho de esto, el equilibrio depende de muchos factores pero fundamentalmente del oído y de una parte del cerebro llamada cerebelo. Si alguna región está dañada o directamente muerta la función no se vuelve a conseguir y el aprendizaje es imposible. Por ello esta mujer no conseguiría jamás el equilibrio necesario para caminar de manera autónoma y segura. Por supuesto que tenía una especie de andador, tacataca y silla de ruedas y los fisioterapeutas entrenaban la bipedestación con ayudas técnicas pero a la mujer le gustaba el suelo. Mejor dicho le encantaba. En la zona de las habitaciones y la sala de estar se desplazaba arrastrándose por el suelo desde el que trepaba para sentarse en la mesa a comer, o desde donde se subía en la silla de ruedas para hacer actividades. Le habían reservado un sitio con colchonetas y manta para que después de comer se echara una siestecita. A nadie le sorprendía. Cuando pregunté qué pensaba la familia al respecto me miraron con cara extraña, como si hubiera dicho una barbaridad. ¿Por qué tendrían que oponerse? Me decían, así es perfectamente independiente para las AVD. No necesitaba ayuda para ir al baño, ayudaba a poner la mesa y recogerla y además siempre respetaba las normas que allí había como la de sentarse en la silla para leer. Me quedé maravillado.


                  Con todo esto la impresión que me dio es que en estos centros no solo les atendían sus necesidades sanitarias y sociales sino también humanas. La forma de considerarlo era lo más parecido a lo que a cualquier persona le gustaría manteniendo al máximo la potencialidad del individuo. Y lo mejor de todo, dejaban de lado prejuicios y estereotipos sin sentido que más que humanizar deshumanizan a las personas con tanta ayuda y suplencia. Terminé mis practicas en Antinkartano (el nombre de lugar) convencido de que desde entonces el trato con mis pacientes nunca volvería a ser el mismo en muchos aspectos. Más adelante os hablaré de consideraciones más profesionales pero desde luego el concepto de trato humano ha cambiado bastante para mí. Quizá los ejemplos que he puesto no son los mejores ni los más claros pero lo que allí aprendí, viendo la atención en su conjunto, fue a tener una visión del paciente mucho más humana, aceptando mucho más sus sentimientos, pulsiones y creencias por rudimentarias que estas sean. Aprendí a cederles el derecho de ser personas de verdad.


martes, 26 de abril de 2011

Majoitus (Alojamiento)



                Una de las cosas más raras y curiosas que he visto en Finlandia es como contratar un arrendamiento o un alojamiento y su forma de gestionarlo. Como creo que ya expliqué en un post anterior, los fineses necesitan tener las cosas al cien por cien seguras para que te digan que si a algo. Es decir si estas buscando una residencia para vivir durante tu año Erasmus más te vale que preguntes en las diferentes empresas de manera que entiendan que es seguro, fijísimo que vas a permanecer en la ciudad unos meses (a poder ser muy concretos) y que tienes absolutamente todos los papeles perfectamente rellenados y sellados donde se explique claramente que eres estudiante universitario. Si te ven dudar, dudarán ellos lo que hace que no te den una respuesta satisfactoria jamás des mil vueltas y preguntes en mil sitios para no llegara  nada concreto. ¿Por qué? Porque Finlandia es así. 

Pese a todo normalmente es la universidad de destino la que se encarga de buscar alojamiento aunque lo hace a su ritmo, cual ritmo caribeño. Nosotros, latinos, gente con la sangre caliente necesitamos tener las cosas seguras con algo de antelación para no tener el corazón en un puño a escasos días de mudarte. Pero ellos no son así. Ellos, acostumbrados a un país que en general funciona como un reloj suizo, cuando quedan dos semanas para mudarte te dicen que aun no es seguro que ya lo harán y que te avisarán cuando puedan. Entonces te quieres morir, te imaginas vagando por la nieve maleta en mano y recuerdas las imágenes de los telediarios cuando hablan de olas de frio en Siberia, y comienzas a buscar a la desesperada en las agencias inmobiliarias que encuentras en internet. Y de repente como por arte de magia… ¡zas! Diez días antes no sólo te dicen que lo tienes todos sino que te detallan hasta el mas mínimo de los recovecos del contrato donde se encuentra y las normas de convivencia del lugar. Cuando alquilas una casita como hicimos nosotros en Laponia, el sistema es algo similar. Bien es cierto que lo puedes contratar con toda la antelación que quieras pero los papeles definitivos donde te detallan absolutamente todo te llegan escasa una o dos semanas.

Es un sistema realmente cómodo para el propietario de la casa. A parte de que nunca incluyen sábanas ni ropa de cama toallas y similar, nada más llegar te advierten que tienes hasta una hora fijada para reclamar cualquier desperfecto o inconveniente: una silla rota, el piso sucio, la caldera que no funciona… etc. Pasada esa hora límite (como unas tres horas desde la hora de entrada prefijada) ya no tienes derecho a reclamar nada. Y no contentos con ello te especifican (y son muy insistentes en eso) que es obligatorio limpiar la casa a fondo y volver a dejar las cosas como estaban o no te devuelven el depósito o fianza que en todos los sitios te exigen. Este depósito (entre el quince y el veinte por ciento del coste del alquiler) se devuelve cuando los siguientes inquilinos agotan el tiempo límite de reclamación y no reclaman nada. Es decir, que el casero no tiene que acercarse a la casa para nada. Ni a cambiar ropa de cama, ni reponer absolutamente nada. Es como un self-service pero en modo alojamiento.

                También es verdad y es muy de agradecer que en el precio tanto de la vivienda provisional o de vacaciones como en las viviendas alquiladas para todo el año, el precio del agua, la luz e internet esté incluido. Más que nada porque te permite disfrutar de las saunas (que las eléctricas tienen que consumir muchísimo ya que es una resistencia que calienta piedras que calienta el ambiente hasta los casi cien grados)  sin preocuparte demasiado del gasto y porque te permite hacer un cálculo perfecto de los gastos mensuales. Así mismo suelen tener por costumbre dejar en la cocina algunos útiles para cocinar tipo sal, azúcar, especias, café… etc. Pero claro, esto que dejan allí al principio de la temporada fuerte de invierno, cuando llegan los últimos inquilinos puede perfectamente no haber sido repuesto y a nadie le parecería mal. Con lo cual la sensación que te da es que tu as alquilado unas paredes y unos muebles básicos y el resto hay te las apañes.
 
                En cuanto a las residencias de estudiantes concretamente la cosa cambia un poco. Siguen incluyendo agua, luz, internet, lavadora, secadora y sauna en el precio pero no lo tienen todo tan cuidado como en las casas que se pueden alquilar en el centro. Para empezar le mobiliario, aunque no está en mal estado tampoco es el ideal. Cocina más bien pequeña estilo casa de la abuela. Fregadero aún más pequeño donde fregar más de tres platos es una incomodidad. Habitaciones enormes de decoración más bien precaria, sin cortinas ni persianas y camas horribles. Horrendas. Se han visto cabinas de la tortura medievales más cómodas que estos colchones. De hecho una de las primeras cosas que me propuse fue comprar clavos y fabricarme una cama faquir para poder descansar correctamente pero claro, como duermo boca abajo, a ver como diantres le explico yo a mis profesores de prácticas las cicatrices de la cara.

                  Os aseguro que esto es mas comodo

                Para ellos los Erasmus son ese rebaño al que ubicar en los lugares más baratos y por tanto, si se nos quita de comodidades… ¿Quién se va a quejar? Para empezar la conexión a internet es de risa. Si alguna vez (a las tres de la mañana) llega a medio mega por segundo da gracias. En una residencia cercana internet les proporcionaban pero el modem corría por cuenta del usuario. El somier es prácticamente inexistente. En mi caso son dos tablas de de madera muy finas (medio centímetro uno como mucho) que cubren toda la superficie de la cama y un colchón de goma espuma, agujereado y con la tela que lo envuelve rota, con apariencia de estar muy sobado. Cuando me queje del colchón que tenía muy amablemente en la universidad me dieron otro… ¡igual! eso sí, sin agujeros. Así que desde entonces duermo sobre dos colchones que consiguen que me levante en modo Quasimodo. Por útiles de cocina me dieron (atención): un plato, dos vasos pequeños de cristal, un tenedor, una cuchara y un cuchillo, una sartén híper usada que no tenía anti adherencia ni en el mango (de la mierda que tenía) una cazuela, una “olla” y una pala para remover la sopa y una sonrisa de oreja a oreja como diciendo… ¿no te quejarás eh?

                Con este plantel acabas sobreviviendo a base de quedarte con lo que otros Erasmus que se van a sus países dejan (muy del estilo mendigo) o comprando en tiendas de segunda mano y outlets (en otro post os hablaré de las tiendas de segunda mano). Yo en concreto compré varios platos y prácticamente saquee al primer Erasmus que abandonó la casa. La pobre mujer me miraba con carita de pena pues su año acababa y yo no para de coger cosas: que si 5 platos, vasos, un colchón extra, abre corchos… y un aparato que no sé muy bien para qué sirve pero… ya le encontraré utilidad. Y no creáis que esto acaba aquí, con esto de pedir el otro día me vine arriba ya acabé por perfeccionar el arte del arrample: apalabré con un francés que cuando se vaya, dentro de un mes, “heredaré” su sofá. Que no me da ninguna lástima pues lo “heredó” a su vez de su compañero de piso junto con una televisión y unas cortinas. Lo de las cortinas en el fondo parece una tontería, pero en un país donde no hay persianas casi en ningún sitio, son un bien más que necesario.

                Por lo demás la residencia está bien aunque es diferente a lo que estamos acostumbrados. Por ejemplo no existen más zonas comunes que una cocina y un baño que compartes con tu compañero de piso. Se echan por tanto de menos salones con sofás y televisión para todo el mundo, sitios en los que reunirse. Es cierto que nos reunimos en la sauna pero tampoco es un sitio de reunión real, a los finlandeses les gusta usarla para relajarse y estar en silencio, pero como los Erasmus somos mayoría… hemos reconvertido la sauna finesa en algo más parecido a un sitio de fiesta que a un sitio de relax. En definitiva se puede vivir bien aunque la apariencia sea más propia de alguna republica ex soviética (todos mis respetos hacia ellas) que de las expectativas que se tienen de Finlandia. El precio también es genial 286 euros por mes, lo malo es que mi universidad esta a casi tres kilómetros pero para eso tengo la bici.

lunes, 25 de abril de 2011

Suksi Pohjoisnavalla (Esquiar en el Polo norte)


                Una de las cosas que me parecen más curiosas es que antes de irme al polo norte no había esquiado en toda mi vida. No sé exactamente porque unas veces por falta de ganas y otras por falta de pasta nunca me había decidido a probar y precisamente el sitio en el que he aprendido es el último sitio donde creí que iría hasta hace poco más de un año: en el polo norte. Es algo así como si uno pasa de gatear a correr en cuestión de segundos, pero que le vamos hacer soy así. No voy a descubrirle nada a nadie, nada nuevo, ni soy ningún experto en la materia pero oye… ¡que estoy orgulloso!

                Con lo patoso que he sido toda mi vida hay que ver qué bien me ha entrado esto de hacer snowboard. Me di dos millones de tortas nada más subirme a la tabla pero en unas horas lo tenía más o menos controlado. No iba a dejar que todos esos niños que poblaban las pistas, y que tenían un estilo que ya me gustaría a mí, se rieran de mí toda la tarde. Con lo que una hora antes de finalizar el forfait, me lancé por la roja con las gónadas en modo pajarita, y aunque las caídas fueron doloras, ¡era más sencillo! No sé qué extraña propiedad física hace que yendo mas rápido tengas más equilibrio pero a mí me pasó. También puede ser que del acojone tu cerebro, abotagado y resacoso de la tralla cervecera del Erasmus, de repente espabila viendo el leñazo que le viene encima. 

                      Primeros segundos sobre una tabla (casi me la doy nada mas me la sacaron, de ahi la posicion de las manos)

                Debido a mi inexperiencia no conozco muy bien como son el resto de estaciones de esquí ni como debe ser una buena estación. El caso es que la de Levi a mi me encantó. Los franceses, que viven en los Alpes, también estaban entusiasmados con las instalaciones aunque no tanto con las pistas. Por lo que nos dijeron no había grandes descensos ni cuestas excesivamente empinadas. A decir verdad su pista negra era más rojiza que negruzca y no debía tener demasiada emoción. Lo que si les encantó fue el esquí park. Según nos contaron tanto los saltos como el medio tubo y los trucos que se podían hacer allí eran algo sobresaliente. Las instalaciones sí que eran buenas, todas muy modernas con todo tipo de comodidades. Remontes en un montón de sitios y restaurantes y zonas de descanso por todos lados. Yo, que no tengo ni idea, no acabé de disfrutar del todo ya que no fui capaz de coger un solo remonte en condiciones. A veces porque me caía, otras porque me tropezaba con el otro pie y otras porque según llegaba el tirón de la guía me iba al suelo… creo que se rió de mi medio Laponia. Con lo que al final visité tres pistas y gracias, bastante tenía con aguantar el equilibrio en la tabla como para encima aprender a coger remontes.

                Lo que era impresionante era la nieve. No estaba dura pero tampoco blanda ni suelta. No sé exactamente cuál es el nombre de ese tipo de nieve pero por lo que todo el mundo decía era nieve perfecta. Casi congelada en superficie y algo mas esponjosa debajo. La equipación de alquiler también debió ser muy buena. Para los que sepáis mas, a  mi me dieron una tabla marca Nitro que debía costar unos trescientos cincuenta euros (calculado a ojo francés) con botas y enganches de la misma marca que subían el precio. La tabla del francés que no era amateur como la mía, costaba alrededor de quinientos euros más el resto, que aumentaba también el precio. En total  pagamos treinta y cinco euros por el alquiler del material un día entero, precio que a mí me pareció muy razonable, donde se incluía: tabla, botas, enganches y gafas. Además tuvimos que pagar treinta euros más por el forfait de un día. 

                   El gabacho y yo, reventados, en lo alto de la pista negra haciendo tiempo antes de matarnos colina abajo

                En definitiva la valoración de un inexperto como yo es muy positiva. No solo porque nos lo pasáramos bien y no fuese muy caro, si no por la atención del personal el estado de las instalaciones la accesibilidad de las pistas (si no hablamos de los fatídicos remontes). Además creo que es una opción muy interesante a la hora de elegir unas pistas para esquiar ya que los vuelos vía Londres a Rovaniemi no son especialmente caros y el alojamiento allí tampoco lo es si se viaja en grupo. Un punto muy a su favor es que al no ser un sitio turístico por excelencia, como pueden ser los Alpes, las pistas no están masificadas permitiéndote disfrutar de ellas aunque seas un cazurro como yo y te caigas constantemente sin peligro de que te arrollen. Además de eso, la iluminación de las pistas durante la noche es excelente por lo que la falta de luz no impide disfrutar del esquí. Así que a ver si os animáis y me contáis vuestras experiencias.

domingo, 24 de abril de 2011

Ajan viettäminen kylpylässä (Matando el tiempo en un Spa)


              
                Uno de los problemas de irse a los resort de Laponia es qué hacer cuando el tiempo no acompaña. Debido a las nevadas impresionantes que cayeron aquel día esquiar (lo que teníamos pensado para entonces) no era muy viable. Menos aún para un recién llegado como yo a los deportes de invierno. Así que nos decidimos por ir al Spa del un hotel de cuatro estrellas que allí había. No es que fuese la ilusión de nuestra vida pero como otras opciones nos quedaban: atiborrarnos de horas y horas de la MTV (única cadena en ingles que encontramos en la TV) o ver películas… ¡Y para eso no nos habíamos ido hasta el polo norte!

                A priori no debería ser muy diferente un Spa en España que uno en Finlandia pero sí que había cosas distintas. En España meterse en un jacuzzi (sobre todo en algunos) es como una ruleta rusa: si el chorrito te pilla en un buen sitio es casi orgásmico, como te pille en algún punto sensible es como si te taladraran el costado con una broca del doce. Y es que a nosotros lo de los jacuzzis relajantes nos lo tomamos un poco a nuestra manera: chorros a tope y agua hirviendo y… ¿el relax? Al salir hombre, ¿no ves que sigues entero? En Finlandia no. Aquí se lleva más un chorrillo de aire fino suavecito que se nota porque se te infla el bañador pero que no sabes exactamente por donde. Para mí que si te metes en la bañera y echas dos o tres aspirinas efervescentes más o menos es lo mismo.

                Para el calor reservan una piscina tipo charca donde solo hay que tumbarse y no hacer nada. Estaba llena de gente. De verdad un aprovechamiento del espacio que ni los guiris en las playas levantinas toalla en mano. Al final, y como todos hemos pensado alguna vez cuando una corriente de agua caliente nos recorre las pantorrillas en la playa, no me quedo claro si el calor se debe a que eso es así, al calor humano, o a la más humana de las necesidades fisiológicas. Así que cuando ves a tanto niño pequeño jugar con unos muñecos flotando y sin padres cerca todo el mundo se mira como cuando te subes a un ascensor y de repente huele a gato muerto… ¿Ha sido tu hijo verdad? 

El frio lo tienen más estudiado. Se ve que por estas latitudes gusta más la tortura que el placer y una de las atracciones favoritas es una piscina “climatizada” (y lo pongo entre comillas porque esta climatizada para sus pieles polares) donde tras atravesar una cortina sales al aire libre. Temperatura ambiente: veinticinco bajo cero. Temperatura de agua: ponía doce pero eso era hielo puro. Se ve que allí no tienen frío ni tiritan ni nada, se tumban en la orilla de la piscina relajadamente a ver pasar las horas como si el señor de la guadaña no les observara en la distancia divertido. Otra atracción gélida y que les encantaba a todos los niños y las abuelas (son los que más la usaban) era un pozo de metro y medio de profundidad y dos metros de diámetro que estaba a cuatro grados de temperatura. ¿Dónde estaba la gracia? En que el que estaba fuera se descojonaba de ti.

                Algo que si me sorprendió fue lo bien que llevaban la desnudez. No es que se exhibieran allí por donde pasaban pero lo vivían de forma muy natural. En las duchas y vestuarios la gente, grandes y pequeños, se cruzaba de un lado a otro sin toalla ni reparo alguno. Cierto es que con su costumbre de la sauna todas estas cosas las tienen superadas pero fue curioso ver como no se lo tomaban como algo de malos modales. Por lo que me dijeron mis compañera en el vestuario femenino era igual y ellas se sorprendieron aún más porque, por lo visto, en España las mujeres son mas recatadas aún estando en un vestuario femenino. Uno de los franceses también fue a otro Spa con su novia y también se sorprendió de que algunas saunas y zonas “nudistas” fueran comunes para hombres y mujeres. Es cierto que es algo muy curioso para nosotros pero creo que es mejor. Aceptar estar desnudos como algo natural es algo que no nos vendría mal, pienso yo.

                Al final todo se convirtió en una forma de pasar el rato no demasiado amena pero al menos no nos gastamos demasiado dinero cosa bastante difícil en Laponia. Para lo que sí nos sirvió es para apreciar la sauna finesa. Tenían varios tipos de saunas, desde las eléctricas, las de humo, otras aromatizadas y con mas humedad (ponía sauna sueca) y el típico baño turco. No sé si ha sido porque me acostumbrado a tomar saunas pero la verdad es que se notan las diferencias entre unas y otras. Y no es por hacer publicidad pero la mejor: la finesa.