miércoles, 5 de febrero de 2014

Victoria... ¿De quien?








                Con júbilo, vítores y onanismos varios se celebró el día 27 la dimisión de Lasquetty y el anuncio del fin del camino privatizador emprendido por la comunidad de de Madrid. Esto, además de ser una flagrante mentira, supone una estrategia política en toda regla. Una cortina de humo acrecentada por la que se supone que es la movilización en defensa de lo público por antonomasia: la marea blanca. Como entiendo que en principio es un mensaje un tanto chocante, creo que es importante hacer una pequeña retrospectiva que nos sitúe en la realidad de lo que está ocurriendo. 

La marea blanca, sin noticias hasta 2012

                Hacia 2012 todos vimos en nuestras televisiones lo que parecía una nueva forma de sindicalismo. Cientos de batas blancas comenzaban reivindicaciones al más puro estilo “quincemero” para concienciar a la población de la importancia de la defensa de la sanidad pública. ¿Era posible que los médicos se hubieran desprendido de esa caspa brillante de aspirantes a clase alta para ponerse el mono de obrero y, por primera vez, preocuparse realmente de sus convecinos? Nada más lejos de la realidad. Sin embargo, toda la clase media progreguay rápidamente corrió a destacar lo loable de su lucha. 

                Hacia 2012 lo que había ocurrido era que el proceso privatizador de la sanidad había llegado al sueldo de facultativos y enfermeras. Durante los diez años anteriores todos los demás servicios había sido pasto de las “externalizaciones” del PP y PSOE (fundamentalmente). Durante aquel tiempo mantenimiento, cocina, lavandería, transporte general y emergente, analíticas, pruebas diagnosticas por imagen, tratamiento y procesamiento de sangres y tejidos, limpieza, provisión y almacenaje, celaduría (no en todos), gestión de recursos, informática, gestión y documentación de historias… etc. habían sido ya privatizadas y sus trabajadores despojados de sus derechos (bajada salarial incluida). El hecho diferencial esta vez es que era el turno de enfermería y medicina.

                Sabedores de que en el momento en el que la sanidad privada no tenga que competir con la pública bajarían considerablemente sus sueldos y privilegios, comenzaron los bailes y cadenetas mediáticas. No hay que ser muy inteligente para entender que una de las formas de aumentar el beneficio neto empresarial pasa por adelgazar el “coste laboral”, sin embargo. sus estrategias de lucha distaban mucho de las lógicas en un problema laboral. La estrategia consiste en disfrazar de cara a la opinión pública una lucha legítima que engloba a toda la ciudadanía (demostración de fuerza) mientras la presión real se ejerce tras la cortina. Pero… ¿Quién ejerce esa presión?

 

El sindicato y colegio médico y su sobrino pequeño SATSE y los colegios de enfermería: Una mafia

 

                Algo que la gente de a pie no suele saber es que hacia finales de los años ochenta, con la llegada masiva del “obrero a la universidad” se produjo un “excedente” de médicos. Es decir, algunos médicos recién salidos del hospital no encontraban trabajo. El paro no era nada alarmante (aprox. 6-8%) si se tiene en cuenta que el paro entre 1982 y 1998 no descendió del 15,5% y que tocó su techo en 1994 (23,9%) (Fuente). Sin embargo se produjo una gran alarma en el sector médico que rápidamente se enfrentó a la administración pública. En primer lugar porque los recién ascendidos a la clase media-alta presionaban al toparse con dificultades para trabajar de forma inmediata (rompiendo el “ascensor social” mediante la universidad) y en segundo lugar porque, aunque se impusieron normativas de reparto del trabajo (número de días máximos de trabajo por eventual), la realidad es que la corrupción y “venta” de cupos de guardias y contratos eran la norma ya en el año 89 – 92.

                Finalmente el sindicato médico junto con los colegios profesionales consiguieron poner orden entre los médicos y mediante la lucha institucional consiguieron un acuerdo en 1994 por el cual se instauraban números clausus en las universidades (1 estudiante por cada 10.000 habitantes) que, en la práctica, suponía restringir el acceso a la formación médica a un número garantista de candidatos. ¿Qué quiere decir garantista? Pues quiere decir que era una restricción lo suficientemente importante como para garantizar el trabajo al 100% de los formados en la universidad. La consecuencia inmediata, de la que alertaban numerosos estudios en aquella época, era que España tendría un déficit de médicos hacia la década de 2000-2010 (como así fue). Cuestión que tuvo que ser resuelta durante el segundo mandato de Zapatero con la homologación masiva de profesionales médicos extranjeros, en su mayoría, latinoamericanos. Actualmente muchas voces vuelven a clamar que el paro está aumentando peligrosamente entre los médicos y lo achacan a esta medida tomada. La realidad es que el sector médico es un sector extremadamente protegido (desconozco si existe otro igual) y actualmente el paro médico es de 1,2% Fuente



                Ya con la entrada del tratado de Maastrich (1993) el colegio médico se dedicó a presionar al gobierno reclamando una equiparación de salarios con sus compatriotas europeos entre otras muchas reivindicaciones, todas ellas dedicadas al aumento de sus salarios. Protestas que fueron escuchadas por la entonces oposición del señor Aznar. Así, entre el 1996 y 2005 el colectivo médico consiguió, entre otras cosas, el fin de la clausula que les impedía compaginar el trabajo en la pública y en la privada (sin menoscabo del sueldo pese a eliminar este complemento), mantener las guardias médicas (desaconsejado por el consejo europeo), aumentar la remuneración de las guardias (aunque la mayoría de países europeos optan por el turno rotativo), la implantación de las peonadas (cirugías realizadas por la tarde y cobradas como horas extras), facilidades para la concesión de licencias de consultas médicas privadas y retribuciones extra si se alcanzaban logros tan cuestionables como la disminución de listas de espera en cirugías (objetivo logrado si “aconsejaban” a sus pacientes pasar consulta en su propia clínica privada) aumentos de hasta el 10% del sueldo si disminuyen el gasto farmacológico entre otras cuestiones.

                El sindicato mayoritario en enfermería y auxiliares SATSE y los colegios de enfermería no le van a la zaga. Pese a carecer de la fuerza de los galenos, al ser mayoría sindical y laboral en el sistema sanitario han utilizado durante estos años su fuerza para boicotear sistemáticamente mesas de negociación a cambio del mantenimiento del estatus del colectivo. Paradigmático es su desmovilización durante las luchas antiprivatización de otros colectivos sanitarios, la vinculación con la trama Gürtel de algunos de sus dirigentes o sus curiosas puertas giratorias con empresas privadas como Capio.

 

Las Unidades de Gestión Clínica (UGC): el quid de la cuestión

                Al amparo de la ley 15/97 (piedra angular para privatizar todo el sector) se ha desarrollado un nuevo modelo de gestión de los servicios sanitarios. Con este nuevo modelo, los recursos económicos pasan, de ser gestionados por el gerente del hospital, a manos de la jefatura de cada servicio (medico y enfermera). De este modo, todo lo que es gasto en materiales y sueldos se decide de manera independiente por cada servicio (Fuente). De este modo, y según esta filosofía empresarial, todo el ahorro que produzcan, bien sea en material, pruebas o personal, pasa directamente a manos de los gestores.

                En la práctica consiste en dividir los centros sanitarios públicos en microempresas dotadas de entidad jurídica propia y con capacidad para apropiarse de los beneficios generados por la venta de sus servicios a otras Unidades o Centros Sanitarios. Es decir, hacer de un hospital un conjunto de pequeñas empresas independientes. (Fuente).

                De este modo, en lugar de una privatización completa (una empresa se hace con el control de todo el centro), este sistema privatiza el servicio a manos de los mismos médicos y enfermeras (obviamente no todos) que hoy se manifiestan mediante bailes y cadenetas en contra de que la sanidad pase a otras manos que no sean las suyas. Quizá la diferencia más notable entre ambos métodos de privatización sea que, a diferencia de la privatización total, la financiación de estas microempresas sigue siendo pública mediante diversas y complejas formulas que, se imagina, dependerán de la negociación con el ministerio.

 

La industria farmacéutica y su interés por la sanidad “pública”


                Otra de las caras en estas presiones en la trastienda, es la industria farmacéutica. Considerada uno de los lobbies más influyentes del mundo (junto con el armamentístico) tiene enorme interés en el mantenimiento de una sanidad semipública. En primer lugar por el consumismo sanitario. La hiperdemanda sanitaria de las clases medias (fomentado por el sistema y gestión ministerial) y el sobreconsumo de fármacos suponen inmensos beneficios para estas empresas. Empresas que tienen los mejores comerciales del mundo: los propios médicos.

                ¿Qué piensa usted que es un visitador médico? Pues un corruptor. Se estima que los laboratorios farmacéuticos se gastan entre 6 y 10.000 euros por médico (Fuente). Se lo gastan en regalos de todo tipo, cenas en restaurantes de lujo, viajes en primera clase para toda la familia con todos los gastos pagados (la excusa siempre es una convención médica, curso o congreso), ordenadores portátiles, bicicletas, teléfonos móviles de alta gama… etc. Todo para que los facultativos prescriban determinados medicamentos, pruebas, utilicen unos dispositivos y no otros en operaciones… etc. A más ingresos que produzcan mejores regalos reciben… y es algo normalizado y conocido por todos.

                 Esto, a priori,  es difícil de pensar cuando se trata de un ambulatorio donde los médicos prescriben analgésicos.  Pensemos ahora el gasto hospitalario, es decir, en la diferencia que supone que se utilicen unos dispositivos y no otros. Tomemos como ejemplo a los traumatólogos que ponen una prótesis de cadera o rodilla que vale de media 1.500-2.500 (Fuente) o en un cirujano cardiovascular que pone un stent (cateterismo) de unos 1.000€-2000€ (Fuente). ¿Saben cuantas operaciones de prótesis de rodilla se hicieron en España en el año 2009? 22.693 y tengan en cuenta estas operaciones aumentarán un 174% en los próximos 25 años (673% las de rodilla) (Fuente) ¿Saben cuántos dispositivos stent cardiovasculares se colocan en España cada año? Más de 100.000 (Fuente).

                Con esto no se pretende argumentar que el colectivo médico opere por operar. De lo que se trata es de que mientras la sanidad sea universal, y se mantenga el consumismo sanitario (que existe, sobre todo en las clases medias) las farmacéuticas mantendrán unos márgenes de beneficios cuantioso. De limitar el acceso al sistema, verían mermado este margen.

                Está claro que con la privatización absoluta de la sanidad pública muchos otros intereses económicos entran en juego, pero mientras exista un sistema donde se permita el gasto de dinero público sin cortapisas y a criterio de intereses privados, las farmacéuticas tendrán un mercado poco competitivo y muy rentable.

 

Los “problemas” de la privatización total

                La privatización completa de la sanidad pública supone la supervisión absoluta y milimétrica del gasto para conseguir rentabilizar al máximo lo invertido, es decir, aumentar beneficios. Para ello minimizan en pruebas diagnosticas (salvo quienes las sufraguen con pólizas de seguros de alta gama), operaciones de riesgo o medicaciones caras. Todo ello, en realidad, disminuye el gasto farmacéutico si lo comparamos con el sistema actual, aunque sea una disminución a costa de la salud del usuario.

                En esta lucha encarnizada por aumentar beneficios entre las distintas empresas otra de las estrategias es la disminución de los costes laborales. Así, salvo que sea un facultativo puntero que dé renombre (mayor clientela) a la entidad y que, por su fama, las empresas compitan por contratarle, el resto de facultativos sufrirán la competición opuesta. Al igual que hoy hay trabajadores que compiten por bajarse el sueldo para que las empresas les contraten, a los médicos les pasaría lo mismo.

                Esto solo puede ser frenado en el caso de que exista un ente mucho más poderoso con el que competir: la sanidad pública. La ecuación es fácil, si en la pública con un trabajo de “ochoatres” ganan 10, las privadas tienen que ofrecerles como mínimo 11 para llevárselos o, gran flexibilidad horaria y menos presión para que trabajen en la privada como complemento de la función pública. Todo esto sin mencionar que las empresas privadas se ahorran el coste económico que supone formar un/a buen/a profesional.

 

La falacia de esta marea blanca…

 

                La supervisión absoluta y milimétrica del gasto en fármacos, pruebas innecesarias, o el “coste” asistencial se puede hacer perfectamente desde la gestión pública con la ventaja, además, de que como no hay que repartir beneficios económicos entre nadie, se disminuye el “gasto” sanitario, con lo que se puede invertir ese remanente en políticas de aumentando la salud y calidad de vida de la comunidad. De eso no habla la marea blanca.

                La marea blanca no se replantea como está montado este sistema sanitario. No habla de quienes han ido torpedeando la línea de flotación de la, hasta 2009, quinta sanidad más eficiente del mundo (Fuente). No se replantea el enorme gasto sanitario que supone la inversión real en atención primaría y promoción de salud. No habla de la eliminación de las peonadas, de los complementos al sueldo desleales, de la conexión directa de las farmacéuticas con los médicos, de las contraprestaciones en forma de planes de pensiones privados de la administración pública, no habla de la importancia de la autonomía del paciente en sus cuidados… etc.

                Ni siquiera se plantea la reivindicación del retorno al sistema público de todo lo privatizado ya. De todxs lxs compañerxs que trabajan en sanidad de forma subcontratada. No se plantea que los usuarios puedan elegir el sistema que más les conviene, es decir, de la democratización de la sanidad. No hablan de la importancia de la participación del individuo y la comunidad en los diseños sanitarios. No quieren compartir la silla. Prefieren mantenerse en su estatus de privilegiado agradecido.

 

¿Pero quiénes son la marea blanca?



                Lo que se olvidan quienes ahora se vanaglorian de esta “victoria” es que ellxs no son realmente la marea blanca. Ellxs llevaron las batas puestas pero la fuerza la pusieron las gentes en las calles. Muchxs de quienes ven con buenos ojos todas estas manifestaciones no se creerán todo lo aquí expuesto… porque no son tontxs. Saben qué sanidad necesitan, pueden desconocer el cómo, pero no son menores de edad.

                Lo que ha ocurrido el día 27 de enero es solo un parón en el proceso de privatización agresivo de los neoliberales que gobiernan la comunidad de Madrid y el resto de comunidades del estado (sin excepción). Nos quedan muchos retos por delante ya que, centrada la opinión pública ahora en Lasquetty y compañía, tienen las manos libres para seguir el proceso bajo manta a través de las Unidades de Gestión Clínica. La siguiente línea que parece quieren seguir es derivar la atención de las contingencias comunes a las mutuas, restándoselas así a la atención primaria. Una privatización más, esta vez encubierta, de la que la marea blanca no dirá nada.

                Sin embargo somos quienes realmente necesitamos el sistema público de salud (nuestra salud y vidas dependen de ello) quienes debemos relevar estas batas blancas y repensar como queremos la sanidad. Debemos darnos cuenta que quienes bailan en las puertas de los hospitales de cara a los medios son pura pantomima mediática, la fuerza la tenemos quienes salimos a las calles a pelear por lo de todxs, por lo público. No todas las batas blancas son mafiosas, muchas de las que hoy favorecen esta rueda privatizadora ni siquiera son conscientes de ello. Es nuestro trabajo encontrar apoyos y pelear por lo que es nuestro.

                No hacen falta batas para defender lo público. Hacen falta mentes, manos, bocas, ojos… personas para repensar lo de todxs.



martes, 21 de enero de 2014

Podemos: ¿Construyendo la casa por el tejado?





La irrupción de PODEMOS en la escena política no puede ser menos que una alegría para todos los que nos posicionamos (o eso creemos) en el espectro ideológico de la izquierda. Sin embargo, es necesario ser tan críticos con todas estas alternativas a las ya existentes como las organizaciones clásicas en la izquierda. Si se aspira (o eso se dice cada vez que se tiene ocasión) a crear un frente de izquierda o, mejor aún, un frente de masas capaz de ejercer un proceso transformador, necesitamos analizar con detalle las capacidades, intenciones y fuerza de las organizaciones así como su posible convivencia en un proceso político. 

Los buenos análisis desembocan en buenas praxis

             A la formación de Pablo Iglesias se le puede achacar muchas cosas, pero desde luego nadie puede dudar de su astucia e inteligencia. Sabedores de la importancia de los medios de comunicación han explotado este recurso mucho más allá de lo que cualquier organización de izquierdas precedente hubiera imaginado consiguiendo todo un hito a estas alturas de la crisis de régimen: ilusionar. La gran incógnita es saber a quién.

                No queda claro (por muchos que repitan el mantra de que todo el mundo cabe) cual será su nicho político. ¿Restará votos a IU? ¿Conseguirá los votos transnacionales de las izquierdas periféricas? ¿Acaparará a los votantes de izquierda del PSOE? ¿Conseguirá movilizar a quienes se abstuvieron? Todo son incógnitas. Lo único que parece claro es que va a obligar a ponerse las pilas a la izquierda mas “acomodada”. Han demostrado con su capacidad mediática hacerse con un nicho que, de no aparecer esta fuerza de izquierdas, probablemente habría acabado en manos de la extrema derecha del rosto amable del Capriles español: Albert Rivera. Un rotundo éxito y una alegría para cualquier persona de izquierdas.

                Ahora bien, no todo son palmaditas en la espalda. Como bien dijo Nega en uno de sus artículos falta mucha choni y mucho cani por entrar en la partida y no parece que la intelectualidad por antonomasia de los Fort Apache y las Tuekas lleguen a ellos. Tampoco parecen hacerlo el resto de organizaciones de izquierdas así que la responsabilidad es compartida pero, al ser una fuerza nueva, yo de ellos, espero ese hecho diferencial. Ojalá llegue.


¿Hiperliderazgo necesario?

 



                Al igual que Pablo Iglesias, yo también creo que cuando no hay bases sociales pujantes los liderazgos fuertes se hacen más que necesarios. El problema radica en el modelo de liderazgo y en el perfil de quien lidera.

                En primer lugar discrepo en que no haya bases sociales lo suficientemente potentes a nivel ideológico. Si algo demostró la pluralidad visibilizada tras el 15M es que existen solidas bases intelectuales y fuertes bases inquietas. Lo que falta es organización. Salvo las izquierdas periféricas soberanistas, que en su mayoría están perfectamente organizadas (pivotando generalmente en un fuerte determinante de oposición), el resto de las izquierdas andan bastante desperdigadas. Podemos considerar que Izquierda Unida (fundamentalmente PCE y PCPE) es la única bien organizada en el plano formal, sin embargo, su infiltración social más allá de las universidades es relativa. 

                La izquierda mas ecologista/decrecentista parece que progresivamente empieza a tener mayor presencia de la mano de Equo e intelectuales como Taibo, pero su organización social es escasa y precaria.  La izquierda mas alter sistema es probablemente la más extendida pero la menos organizada a nivel formal. Tiene reductos en múltiples barrios obreros pero su organización es prácticamente inexistente. Si además tenemos en consideración que muchos de sus miembros practican el absentismo activo, tenemos una gran masa poco proclive a la movilización electoral.

                 Por último, y no menos importante, tenemos al feminismo. Está claro que no precisan de una organización formal; bueno, no debieran precisarla. Probablemente sea la izquierda mas olvidada (tristemente) por las organizaciones formales. Aunque todas lleven en su programa algún apartado al respecto en la práctica es raro verles priorizar su praxis por la línea violeta.

                ¿Ante este panorama la alternativa hiperliderada es viable? Sinceramente no lo creo, pero de serlo, su perfil no creo que sea el de Pablo Iglesias. En primer lugar, porque desde sus inicios mediáticos en La Tuerka se ha posicionado fuertemente en la priorización de un tipo de izquierda frente al resto, lo cual, a priori, le produce un gran desgaste. En segundo lugar, por el halo personalista de muchas de sus intervenciones menos mediáticas (pero colgadas en internet) y esa imagen mesiánica que algunos sectores de izquierda crítica le achacan. Esa imagen del yo tengo más razón porque tu posición no gana batallas (todo ello regadas con alusiones a Gamsci, Wallestein o incluso Stalin con sus cañones). Por último, pese a lo ilusionante de su ritmo discursivo y su dialéctica, no ha sabido desprenderse de su lado “cultureta”. Difícil obviar su ego sobredimensionado al hablar de matriculas universitarias o el colocar por delante su trabajo como profesor para tener cierto grado de credibilidad mediática.

                En mi opinión un perfil de liderazgo capaz de aglutinar al conjunto de la izquierda puede ser el de Ada Colau (PAH) o el de David Fernández (CUP). Más cercano en apariencia al perfil obrero (gente de barrio) pese a que tengan estudios superiores. Con un ego menos patente o, al menos, una humildad bien aparentada y, sobretodo, más conciliadores. Sin duda una persona como Pablo Iglesias, con su personalidad (en mi opinión la Esperanza Aguirre de la izquierda) y su carisma debe ser uno de lxs muchxs líderes de la izquierda pero, si la opción es el hiperliderazgo, creo que su candidatura es un error. No digo que vaya a ocurrir, pero podemos cae en abrir la puerta a la formación un nuevo príncipe (o no):

“Si los grandes ven que no es posible resistir al pueblo, comienzan por formar una gran reputación a uno de ellos, y, dirigiendo todas las miradas hacia él, acaban por hacerle el príncipe. A fin de poder dar, a la sombra de su soberanía, rienda suelta a sus deseos” (Maquiavelo, El príncipe)



Alternativa por copia, un error: modelo Venezuela o Syriza



                Mi opinión es que la opción más inteligente para las izquierdas del estado es un formato de múltiples liderazgos convergentes sostenidos por las masas. Algo similar a lo que permitió la segunda república. 

                Por el contrario Izquierda Unida se empeña en intentar lanzar la Syriza española obviando que los griegos unieron masas y partidos a través de unos sindicatos que se olvidaron del corporativismo. Esto está muy lejos de ocurrir en España. Con una pérdida absoluta de credibilidad en la lucha sindical, lo más parecido que tenemos aquí son las mareas y, muy a mi pesar, con las mareas no vamos a ningún lado. Las mareas no dejan de ser organizaciones corporativistas vestidas de movimiento social transversal pero que se mueven por intereses propios (aunque te venden que son el eje fundamental del pueblo). Salvo deriva radical de sus posiciones, la marea blanca (que solo se movilizó cuando lo que quedaba por privatizar eran sus sueldos) y la marea verde (que con Zapatero debían vivir en el paraíso terrenal) son ejemplos muy claro de cómo está el mundo obrero hoy en día. 

                Hasta que las mareas no comiencen a ser propositivas fuera de sus intereses y comiencen a repensar sus sectores laborales alejándose de sus nóminas (aunque sin perderlas de vista), difícilmente una especie de Syriza será posible. Si la solución a nuestros males es que todo siga siendo público pero dominado por las mismas lógicas que nos han llevado al caos, al menos yo, no quiero esa solución.

                Izquierda Anticapitalista y PODEMOS optan por la vía Venezolana (PSUK) obviando que ambos países se encuentran en situaciones radicalmente opuestas. Es muy fácil copiar modelos, lo difícil es adaptarlos. Cuando Hugo Chávez forma el PSUK el país estaba totalmente desestructurado. El poder productivo, institucional y militar estaba disgregado y la represión dependía más de sobornos y contraprestaciones oscuras que de ordenes verticales. En España eso no ocurre. PPSOE, poder económico, militares, instituciones, poder productivo (financiero) y poder cultural son todos tentáculos de un mismo animal. España no está desestructurada como estaba Venezuela. La corrupción es posible, pero la gente sigue creyendo en su policía (les llama si lo necesita), en sus jueces (pleitea si lo cree conveniente) y aun tiene esperanza en que el sistema electoral es limpio. Eso no ocurría en Venezuela y, por eso, una unión de partidos que daba la credibilidad que ni el estado, ni las fuerzas del estado ofrecían se alzó con el poder. ¿Es posible eso en España? No lo creo.

                El resto de izquierdas están por pensar en el que hacer, salvo las periféricas soberanistas. En mi opinión son de las pocas que entienden el terreno en el que juegan (paradigmático el caso de las CUP o el SAT) pero como todo puedo equivocarme.


El pulso al IU: La oportunidad perdida

 

                Lo crean muchos o no, que PODEMOS se presente a las elecciones obliga a IU a espabilar y, eso, es genial. El simple hecho de que hayan leído mejor el manejo mediático, el cómo ilusionar a los desencantados de centro izquierda y la acertadísima forma y tiempo en el que presentar la candidatura debería hacer pensar a la coalición de Cayo Lara. Era una oportunidad perfecta para que IU emprendiera el camino de radicalizar sus posturas y “modernizar” sus formas. Tras el pulso lanzado por Pablo Iglesias… no lo tengo tan claro.

                En primer lugar porque no es un pulso justo y, menos si es para crear un frente de izquierda. Para que lo fuera, las primarias también deberían darse en PODEMOS que, antes de la democrática gestación de su programa, ya tiene elegido a Iglesias como líder. En segundo lugar, porque para que fuese justo debería ceder cuota de pantalla (y no solo en La Tuerka) al resto de aspirantes. Y por último, de ser justo, no debería considerar sólo a Izquierda Unida, si no a los múltiples partidos de izquierda que están dentro de IU y fuera de él: Anova, Aralar, PCE, CUT-BAI, Izquierda Federal, Sortu, Izquierda Abierta, ERC, Equo, BNG, IxC, Compromís, Los Verdes… etc. De otro modo parece que se pretenda un bipartidismo totalizante de izquierda. Lo cual, creo, un error sumo.

                La sensación que me queda tras el pulso, es que se pretende organizar un frente de masas sin masas organizadas, hiperliderado y sustentado por el músculo militante prestado de IU para encumbrar al poder a un autoproclamado grupo desde los mass media. Vamos, construir la casa por el tejado, y, lo que es peor, mediante la imposición desafiante (y si se me permite arrogante) de su personalista líder. 



Conclusiones y crítica constructiva

                La aparición de PODEMOS es una alegría para la izquierda, no cabe duda. Es un golpe de aire fresco y de nuevas lógicas políticas que obligaran a muchos a repensar su estrategia política y, eso, siempre es bueno. Al mismo tiempo tener un líder a lo Esperanza Aguirre en la izquierda era más que necesario. No se podía mantener la dinámica tradicional donde, pese a tener razón, nuestra capacidad de convencer era entre escasa y nula. 

                Por otro lado, de darse polémica entre PODEMOS y el resto de organizaciones de izquierda puede suponer una cuota mediática sin igual, lo que sin duda ayudará a las formaciones ya existentes a darse a conocer. Sin embargo, ese empeño en “tirarse” a por IU puede acabar haciendo del espectro de izquierda un partido de tenis tras el que se silencie el resto de posibilidades. 

                Pese a todo ello, el planteamiento es un error en mi opinión. La diversidad no nos debe asustar y, desde ella, debemos aprender a converger. La imposición de converger/competir por “huevos”, los pulsos “a ver si te atreves” no nos van a llevar a buen puerto. Ojalá podamos construir un frente donde todos voluntariamente queramos estar, sin imposiciones de nadie. Imposiciones, por otra parte, que surgen de la pura necesidad de quien impone y que, de no ser bien gestionadas, no harán bien a nadie. 

                Como muchas veces se ha escuchado, sitio hay para todo el mundo (salvando las líneas rojas propias de la izquierda). El problema no está en el combate honesto entre corrientes político intelectuales, sino en las carencias habituales que no quedan solventadas por ningún lado. Pendiente queda la inclusión de un feminismo emancipatorio como condición sine ecua non y no relegable. Queda pendiente un acercamiento real al ladrillo de los barrios, a lo choni y cani, a la parte más obrera alejada de los ambientes intelectuales típicos y del gafapastismo FNAC-Instagram. Queda pendiente una solución propositiva sobre modelos productivos plausibles lejos del marco neoliberal, ese que los decrecentistas/ambientalistas/renta básica/ecofeministas llevan tantísimo tiempo trabajando.



 
                Seguramente quienes hoy formen parte de Podemos alegarán que esas cosas se solventarán si se generan los discursos adecuados en la creación popular del programa. Bueno, no digo que no sea posible, solo que no me lo creo. Por mucho que las bases tiren de decrecentismo (por ejemplo) no creo que Pablo Iglesias ni el autoproclamado líder de IA Miguel Urbán defenderán dichas posturas. Quizá me equivoque.
                Pero por encima de todo queda muy pendiente dinamitar el individualismo que vivimos. Lograr bajar al adoquín y que nos entiendan los parias hoy llamados precariado. También queda aprender de ellxs y que se animen a participar. Falta esa masa que, tras manifestarse contra atropellos neoliberales, quiera opinar y pensar modelos a nivel local-regional. 

                Todo ese trabajo está por hacer y, de momento, ni IU, ni Equo, ni Izquierda Anticapitalista lo está haciendo. ¿Lo hará PODEMOS? Yo esperaba que sí, pero mi sensación es que una vez más, se pretende construir la casa por el tejado. Pese a todo, como ya he dicho mil y una veces máximo respeto por quien lucha. Aquí están mis manos y mi tiempo para trabajar a su lado también, para lo que necesiten. No me convencen por el momento, pero adelante compañerxs, nos vemos en los adoquines. 


lunes, 20 de enero de 2014

La unidad de la izquierda





La irrupción de PODEMOS en la escena política no puede ser menos que una alegría para todos los que nos posicionamos (o eso creemos) en el espectro ideológico de la izquierda. Sin embargo, es necesario ser tan críticos con todas estas alternativas a las ya existentes como las organizaciones clásicas en la izquierda. Si se aspira (o eso se dice cada vez que se tiene ocasión) a crear un frente de izquierda o, mejor aún, un frente de masas capaz de ejercer un proceso transformador, necesitamos analizar con detalle las capacidades, intenciones y fuerza de las organizaciones así como su posible convivencia en un proceso político. 


El terreno sobre el que pisamos: tenemos la hegemonía perdida.

                La Tuerka ha sido de los pocos grupos que han sabido contraponerse de manera eficaz a este problema, sin embargo, es poco más que una gota dentro de un inmenso mar. Por mucho que en los bares escuchemos gente que pone en duda lo que hasta hace poco era incuestionable, seguimos enjaulados en un marco de pensamiento capitalista-emprendedor-neoliberal. Marco, del que será muy difícil desprendernos para hacer una candidatura electoral y mucho menos de la noche a la mañana.

                Sin una pedagogía política eficaz todos sabemos que la gente (nosotros incluidos) acabaremos besando nuestras propias cadenas. ¿Puede un partido sin bases potentes realizar esta pedagogía? Difícilmente. Su única estrategia viable es moderar su discurso o, al menos, hacerlo asumible con el pensamiento hegemónico medio para, una vez con masa, virar progresivamente a la izquierda. ¿Puede un partido con bases potentes  realizar esta pedagogía sin usar los canales adecuados a su tiempo? Difícilmente. Su única estrategia viable es adaptarse al contexto.

                Bajo esta premisa tenemos que las izquierdas nacionalistas combinan muy bien pedagogía y bases (han sido muchos años de trabajo) pero les falta el punch transnacional necesario para que su política pueda transformar su realidad. Tenemos a IU con unas bases fuertes pero que aún no han sido capaces vehiculizar su discurso con eficacia (aunque la aparición de Alberto Garzón y la pujanza de los cuadros más juveniles son una esperanza). Tenemos a Equo y los decrecentistas que ni tiene militancia capaz (en número), ni tiene capacidad de llevar su discurso a la gente más allá de las universidades y ciertas organizaciones ecologistas e intelectuales. Por último, tenemos a PODEMOS que tiene la mejor disposición para hacer llegar su discurso pero le falta músculo militante, bases al fin y al cabo, para que esa pedagogía se lleve a la práctica y, por lo que parece, son conscientes. 


  

Las experiencias vividas

El 15M nos debe servir de lección para muchas cosas. Lejos de las experiencias políticas de cada uno, creo que es importante darnos cuenta de lo allí vivido está más cerca de la tan mencionada “realpolitik” de lo que nos cuentan quienes se suelen sentar a dar charlas en las asociaciones y movimientos. 

Allí vimos lo difícil que es apelar a “la masa por la masa” para organizar una acción política pero, por el contrario, lo fácil que es atraer masa bajo determinantes ganadores de bajo perfil. “No nos representan” “Esto no es democracia” “Abajo el régimen” “Fin del bipartidismo PPSOE” fueron lemas atrevidos, ilusionantes y capaces de movilizar masas ingentes de personas durante 2011 pero no fueron capaces de articular nada por su bajo perfil pero, sobre todo, porque no tenía bases conformadas: era un encuentro ente gente inquieta. La diferencia entre un bar grande lleno de gente indignada y un centro político (aunque haya cervezas) son la unidad de respuestas a esos determinantes. Cómo se responde a “qué nos representa” “qué es democracia” “qué hacemos una vez caiga el régimen” o “qué hacer tras el bipartidismo” es lo que articula un partido. Por eso las ideologías diversas tienen tantos problemas de convivencia. 

Durante aquellos meses todos deseábamos un cambio pero anticapitalistas y capitalistas no conseguían ponerse de acuerdo. Socialdemócratas y anarquistas se escandalizaban entre sí con discursos de realidad y aquello acabo diluyéndose. La única forma de “convivir” era enrasando a la baja, es decir, reproducir discursos muy similares a los que nos habían llevado al desastre pero algunos párrafos agresivos. Aprendimos entonces lo que querían decir las palabras de Henry Ford, inventor del automóvil y la cadena de producción estandarizada (sé lo provocador del ejemplo) “Si le hubiera preguntado a mis vecinos que necesitaban me habrían dicho que un caballo más veloz”




La difícil convivencia

                Una de las cosas que aprendí yo de mi experiencia en el 15M es que la revolución necesita direccionalidad o se autofagocita. En palabras de Trosky: “la revolución de los hambrientos termina en la panadería de la esquina”. Hace falta liderazgos amplios que dirijan, que enseñen, que instruyan en la direccionalidad. Esto no es igual a imponer el pensamiento. Es sencillamente que se puede considerar la opinión de cualquiera pero desde un marco ideológico definido.
                Es cierto que PODEMOS tiene definido una serie de líneas rojas, pero en mi opinión la afluencia de “recién llegados” (bienvenidos todos por supuesto) hará difícil la convivencia de izquierdas. ¿Cómo se tomará un ex votante del PSOE, convencido de las bondades de la socialdemocracia “a lo Europa en los 70” de la autogestión productiva o del desmantelamiento de la inversión privada capital-productiva? ¿Qué dirá del decrecimiento o de la prohibición de acaparar trabajos? ¿Qué dirá del derecho de autodeterminación de los pueblos? ¿Entenderá la necesaria retribución del trabajo reproductivo o de la eliminación de las consideraciones de género? ¿Tomará como propias las propuestas queer o de lo contrario se sentirá más cómodo con el falso feminismo de estado a lo Fernández de la Vega? ¿Cuántos socialdemócratas se unirán por cada queer? ¿Qué solución es más plausible que lo queer y el decrecentista se modere o que el socialdemócrata se radicalice?

                Nos guste o no, para que una persona que ha asumido el capitalismo como una vía y la socialdemocracia como alternativa más cercana a la izquierda la se “radicalice” o, al menos entienda como viable el anticapitalismo, hace falta tiempo. ¿Será suficiente tiempo de aquí a las elecciones europeas? No lo creo.



El miedo a la diversidad

        De manera machacona y permanente se habla de la unidad como condición necesaria e indispensable para la izquierda. Yo no estoy de acuerdo. Creo que es importante que entendamos que, mientras unos partidos trabajan con el centro ideológico (para “hacerlo” izquierda tibia) otros trabajan con la izquierda tibia (para hacerla moderada) y los de izquierda moderada trabajan con los suyos (para hacerlos izquierda radical). ¿Es posible la unidad a distintos ritmos? No lo creo.

       Creo que lo único plausible es la unidad direccional o, dicho de otro modo, la colaboración activa. Para las elecciones europeas, donde es importante dar un buen mordisco electoral y testar fuerzas, todas estas izquierdas deben colaborar, pero no para las municipales ni generales. Para los comicios estatales la colaboración se debe plasmar en el congreso con pactos útiles pero no durante la campaña electoral.

      Durante la campaña electoral debemos ser capaces de ampliar la representatividad de la izquierda. Que quienes tengan una visión muy altersistema y quienes aun se posicionen en la izquierda mas tibia estén representados. Que ambos nichos electorales puedan confluir en una manifestación y autocontagiarse sin decepciones por ser demasiado tibios o demasiado radicales. Olvidarnos de ser un pesado elefante para tratar de ser un banco de pequeños peces que deciden aletear hacia un mismo camino, cada uno a su ritmo, con sus diferencias, pero con la visión puesta en la convergencia. Un frente de masas funcional que no estructural.