viernes, 29 de noviembre de 2013

RTVV no es tanca




      RTVV no es tanca!! (Trending Topic toda la noche) Se pospone de momento el desalojo, veremos cuanto dura.

        Lxs trabajadorxs denuncian que han recibido un email a las tres de la mañana anunciándoles que se les impedirá entrar en el edificio y trabajar. Desde ese momento ni prosegur ni la policía permitían (y siguen sin permitir) entrar a nadie.

        Durante toda la madrugada han emitido un especial con diputados de la oposición y representantes de los trabajadores donde han repasado el proceso y los beneficios de la television publica. Han dicho, entre otras cosas, como compañeros de TVE había acudido con cámaras para informar del suceso pero TVE ha censurado esta información y no la ha emitido ni en sus informativos ni en la web.

        Las imágenes y las sensaciones son buenas pero... ¿y la autocrítica? Acaso lo que ocurre no es culpa de lxs valencianxs y de lxs propixs trabajadorxs? Sin autocritica es imposible aprender de esto. Echando balones fuera jamas aprenderemos de este robo.


        No creo que todo deba ser flagelaciones, pero seria genial culpabilizar a la gente un poquito. Culpables lxs valencianxs por votar masivamente al PP, culpables
lxs valencianxs por pasar de todo, culpable lxs valencianxs por no defender su sistema publico, culpables lxs valencianxs por dejarse deslumbrar por la F1 y demás desmadres.



       Pero sobretodo culpables lxs trabajadorxs. Culpables por ser consentidores y mirar hacia otro lado.
Culpables por la poca valentía de decir no. Culpables por ser complices. Culpables por reaccionar ÚNICAMENTE cuando sus sueldos se ponían en juego (como las mareas blancas, verdes...etc).

     Este caso debería servir de ejemplo a todos los trabajadores para que no se resignen y luchen. Para demostrarles que arriesgarse a un despido por una lucha justa es mejor que consentir y te echen después porque, entonces, sera tarde para reaccionar. Ejemplo para que vean que quien consiente es un/a traidor/a para el resto de trabajadorxs. Que es un/a esquirol en esencia.

       Sin esta autocritica sera imposible. Sin el dedo nominativo que apunte hacia la cara de quien mira, nada cambiara. No basta con decir que el PP es el coco. Los hijosdelagranputa no dejaran nunca de serlo, les llamemos como les echemos la culpa o no. No reaccionarán sin presión. Sin presión no llegaremos a ningún sitio

    Sin poder popular, sin crear pueblo, sin el encuentro en la calle de lxs iguales frente a loshijosdelagranputa, nada cambiara.

      Anim treballadors, RTVV no es tanca si el poble no se doblega, si el poble acudise al carrer y sosting la lucha. Tirem de las gents cara al carrer, per tirem de veres.


miércoles, 13 de noviembre de 2013

Otra vez la puta rueda




                Otra noche tras un día improductivo. Otra conversación estúpida donde parece que haces mucho pero en realidad pierdes el tiempo. Otra vez interactuando con el móvil en lugar de con personas. Puta rueda que no para. Otra vez la puta rueda. Otra puta noche de insomnio

                Un nuevo día más en el que tras levantarme temprano se me comió el tiempo en pensar lo raro que esta el mundo visto desde detrás de mis ojos incrédulos. Un nuevo día de interactuar con gente que se supone que quiere transformar la sociedad hacia un mundo en el que ellos mismos no están preparados para vivir. Farsantes. Otra vez la retahíla de sandeces sobre lo buenos que somos todos pero mientras nuestros estómagos estén llenos. Ni un ápice de sinceridad, de querer vivir equitativamente de verdad. Va a ser cierto que todo es relativo y que los sustratos de verdad radican en las mentiras que nos hacen dormir con nuestra supuesta conciencia tranquila, pero revolucionaria.

                Otro día en el que no encontré trabajo. En el que la jodida sociedad no tiene un hueco que hacerme. Se ve que mis manos dejaron de servir y que mi mente a algunos no les gusta por cómo me sirve. Otro día en el que las cuentas del banco menguan sin atisbos de recuperarse. Otro día en el que no estudié lo suficiente para aspirar a una posibilidad de formación con remuneración ridícula en la que ni siquiera creo. Otro día en el que se me amontonan los pensamientos de que este mundo es una puta contradicción tras otra en la que todos parecen estar cómodos y solo a mí me sangran las venas de libertad.

                Otro día de conversaciones intrascendentes y desmotivaciones sobre estimuladas por los colorines de anuncios que me invitan a comprar cosas que no necesito con dinero del que no dispongo. Otro día en el que el cajero automático no me deja comprar algo de estimulación intelectual; el dinero no compra las conversaciones interesantes ni los besos ardientes. Otro día en el que no he tocado la piel de otro humano y el único roce que he sentido ha sido fruto de un frenazo del metro. Otro puto día en el que el móvil y sus mensajes suplen lo que antes eran relaciones de verdad. Otro día en el que no me distingo tanto de una planta, se supone que siento pero a este paso empezaré a pensar de qué me sirve. 

                Otro día que se acaba sin verte, sin tocarte, sin hablarte, sin olerte, sin rozarte, casi sin imaginarte. Otro día que busco tu última conexión al móvil como si sirviese de algo. Putas máquinas. Otro día en el que no merece la pena ser humano, si solo la mente funciona y los sentidos no me dicen nada… ¿para qué? Otro día más en el que solo dialogo con el eco, tiene mejor conversación que la mayoría. Al menos mas conversación que un móvil y una red social que no me dicen nada y, cuando me dicen, son cosas que no me interesan ni satisfacen.

                Jodido mundo de mierda que no se acabará en el día de hoy. Me tocará esperar a la puta rueda de una mañana, machacona, implacable y terca que se empeña revivirme días que parecen fotocopias. Encima me tocará esperarla despierto.

viernes, 1 de noviembre de 2013

Hazme caso, tengo tetas





             Lo reconozco, como cualquier hombre (las mujeres también lo hacen), he consumido cuerpos sin preocuparme demasiado la persona que los portaba. Cierto es que he consumido menos de los que quise, más bien los que me dejaron, cosas de esa jungla llamada salir de fiesta. Sin embargo, en los últimos años, sea por madurez, por viejunismo o vete tú a saber, empiezo a notar que me importan más ciertas cosas y me molestan bastante otras que antes que me pasaban desapercibidas. No es que de pronto me preocupe en conocer los sentimientos más profundos de una persona que conozco en un local oscuro, lleno de ruido y con varias copas encima; pero ese artificio de “conocer” gente, comienza a desesperarme.

martes, 1 de octubre de 2013

Goodbye Spain





Soy un joven de 27 años vasco. Nací en Bilbao donde crecí y vivo. Nunca he sido nacionalista, ni nacionalista español ni nacionalista vasco. Nunca he votado a la izquierda abertzale ni he militado en ningún grupo abertzale. De hecho siempre que me han preguntado sobre mi opinión acerca de la soberanía siempre contestaba que me daba igual una Euskadi dentro de España o fuera de ella. Lo único que yo necesito es un país donde merezca la pena vivir, donde poder ser libre tanto para expresar mis ideas como mi cultura. Quizá por ello nunca he tenido ansias de independencia, aunque sí de poder decidir sobre ello. Sin embargo ayer llegué a un límite tal que todo eso ha cambiado.

Sé que lo que voy a escribir no se va a entender de Burgos para abajo. Aun no entiendo por qué motivo existen cuestiones imposibles de hablar con una gente que, de cualquier otro tema, habla con más o menos tolerancia. No creo que haya especial diferencia entre una persona nacida en Euskadi y una nacida en España. Siempre que he viajado por la península ibérica me he encontrado gente normal, trabajadora, que trata de ganarse la vida lo mejor que puede y ser felices; igual que en Euskadi. Sin embargo, desde muy pequeño siento que el resto de la península no nos ve igual. Ya desde muy pequeño (mi primera “anécdota” fue con 7 años), y aunque todo el pueblo nos conoce, he tenido que soportar comentarios insultantes y vejatorios cuando veraneaba en un pueblo de Zaragoza con mi familia.

He tenido que soportar, de manera repetida durante mis 27 años de vida, comentarios hirientes sobre si en Euskadi nos paseamos con pistolas o el clásico “¿conoces algún etarra? ¿Has visto algún atentado?”. Al tiempo, cada vez que conoces gente nueva en cuanto descubren que eres Euskaldun siempre aparece ese halo en los ojos de quien te acaba de conocer que desemboca, antes o después, en preguntar repetidamente qué me parece la violencia. Sería algo así como si a un murciano o salmantino se le pidiera de manera continua que condenara el fascismo, por el simple hecho de ser murciano o salmantino, para darle el carnet de persona. Desafortunadamente no quieren que les contestes con sinceridad. No quieren escuchar la realidad en Euskadi, solo sus conceptos preconcebidos y, de insistir en dar tu versión pueden tener problemas. No soy el único vasco o vasca al que han agredido por el simple hecho de abordar el tema con profundidad y sinceridad, o por el simple hecho de nacer donde he nacido.


Pese a esto, sé que esta gente no es la mayoría. Siempre he creído que es una “minoría ruidosa” que impide darnos cuenta de que la mayor parte de la población española es buena gente y muy sensata. Por eso no entiendo cómo pueden aplaudir los atropellos sistemáticos que la policía ejecuta en el País Vasco.





Insisto que yo no he sufrido ni el 0,1% de lo que sufren convecinos míos por cuestiones ideológicas, por simple convicción política. Por eso me asusta pensar en cómo sería todo si yo perteneciese a un partido abertzale. Sin esta etiqueta ideológica también he visto la cara “amable” de la policía. Controles de trafico extremadamente exhaustivos, simplemente por la matricula de mi coche, acompañada de insultos. Comentarios del tipo “a los vascos habría que poneros un muro en la frontera y tirar napalm dentro” o ver como el policía que me pide la documentación del coche solo usa una mano porque la otra la tiene en la pistolera, cuando no, en la propia pistola ya desenfundada. Todavía recuerdo como la policía nacional de Valencia despertó a mi familia de Bilbao a las tres de la mañana y se presentaron en mi casa de Valencia (estudiaba allí) hasta siete agentes porque había aparcado el coche en un lugar que no les convenía y sospechaban de él.

Esto es lo poquito que yo, personalmente, he vivido. No quiero ni imaginar lo que han vivido otras personas de aquí. Cuando vives en esta tierra te das cuenta que se persigue todo lo que huele a euskera. Que tratan de “pacificarnos” a golpe de estado policial. Que utilizan la ley antiterrorista a personas que su único delito fue colocar un cartel en la calle o acudir a una manifestación pacífica. Esto no puede ser. Reconozco que no me pilla de nuevas, quienes hemos crecido en Euskadi sabemos cómo funcionan “en Madrid” pero yo ya no puedo más.

Tras las detenciones de seis chavales que pegaron carteles y los han metido en la cárcel y lo de ayer con Herrira he llegado a mi límite. He ido a varios actos de Herrira y siempre han sido democráticos y pacíficos. Siempre me han parecido eventos como los de cualquier partido político… ¿y les van a encausar por dar su opinión en redes sociales? No se puede vivir así, es imposible soportar esto. ¿Cómo pretenden que la gente quiera seguir perteneciendo al mismo país que genera más y mas odio en nuestras calles?



Yo ayer ya dije basta. Nunca necesite la independencia solo mejorar el país. Pero ya no tengo esperanza de que España pueda aportarme nada. Hoy siento que necesito vivir en otro país lejos de este fascismo de estado. Siento que necesito independizarme de esta locura. Eso no puede formar parte de algo que se acerque a mi país. Hoy más que nunca entiendo a la izquierda abertzale en muchas cosas. Quizá sea tarde, no lo sé. Solo sé que desde hoy yo también haré lo que esté en mi mano por independizarme de esta barbarie. Mientras de Burgos para abajo se sigan aplaudiendo estas atrocidades no hay esperanza posible. La única esperanza es decir adiós. Adios España.

viernes, 13 de septiembre de 2013

Por qué odio este puto país (Copia+pega)

Os dejo un artículo de Rafael Narbona con el que estoy 100% de acuerdo. Se que no suelo hacer copia pegas de terceros, pero es tan bueno, tan directo y tan clarificador que merece la pena colocarlo tal cual y agradecer a Rafaelel haberlo escrito.


Cuando de pequeño escuchaba que “España era una unidad de destino en lo universal”, me preguntaba si se referían al éxito de Massiel en Eurovisión, cantando el “La, la, la”, pero después del triunfo de la Roja en la Eurocopa 2012 he comprendido que España aún sueña con fundar un Imperio Galáctico liderado por un risueño Darth Vader ataviado con una montera y un capote carmesí. No es una broma. Los que siguieron la batalla librada contra una Italia debilitada por el “bunga-bunga” del Lord Sith Berlusconi, pudieron comprobar que un torero animaba a la selección, recordando al mundo que España siempre será la patria del botijo, las tonadilleras, el tricornio y el garrote vil.



Odio a este puto país porque al cruzar los Pirineos la caspa deja de ser un problema de higiene y se convierte en un signo de identidad nacional. Odio a este puto país porque sus pueblos aún martirizan a los animales, alegando que taladrar la piel de un toro con un estoque o lanzar a una cabra desde un campanario es arte y no tortura. Odio a este puto país porque presume de unos huevos de oro, pese a su cobardía con las incontables víctimas de la rebelión de los generales en 1936. España es un gran cementerio bajo la luna, una gigantesca fosa clandestina donde aún se amontonan los restos de maestros, poetas, obreros, campesinos, socialistas, anarquistas y comunistas, asesinados por luchar contra terratenientes, señoritos, banqueros, curas y militares. Nada augura que esos restos hallarán una digna sepultura o que el espeluznante mausoleo de Cuelgamuros será dinamitado, corriendo la misma suerte que los edificios y monumentos de la Alemania nazi y la Italia fascista. Odio a este puto país porque es un Reino y no una República, con un idiota coronado que extermina elefantes, confraterniza con dictadores, colecciona Ferraris en mitad de una pavorosa crisis económica y rivaliza con su tatarabuela Isabel II en promiscuidad, molicie, avaricia, oportunismo, populismo, estulticia y arribismo.



Odio a este puto país porque ha convertido el traje de gitana en símbolo nacional, sin avergonzarse de haber maltratado y hostigado durante siglos al pueblo romaní, confinándole en lejanos basurales. Odio a este puto país porque su unidad se ha construido sobre invasiones, matanzas y expolios. Odio a este puto país porque se identifica con la bandera de los Borbones y no con la enseña tricolor de la Segunda República. El rojo y gualda es una herencia (otra más) del franquismo, una dictadura tan sangrienta como ridícula, donde un militar bajito y con voz de espantapájaros se hizo llamar Caudillo y Generalísimo, escribiendo algunas de las páginas más negras de la historia universal de la infamia.



He nacido en este puto país, pero preferiría ser un piel roja o un extraterrestre perdido en el espacio. He nacido en este puto país, pero preferiría que la selección española no hubiera ganado la Eurocopa, particularmente después de saber que sus jugadores tributan sus bonificaciones en el extranjero para eludir la presión fiscal.



He nacido en este puto país, pero no me emocionan las victorias de Fernando Alonso o Rafa Nadal, dos millonarios sin complejos que juegan con Hacienda al escondite inglés. Rafa Nadal es tan buen chico que recuerda a Doris Day: sonriente, educado, bobo, soso, lelo, acartonado, previsible. Si hubiera trabajado en el Hollywood de los años 40, habría sido un aburrido galán de serie B, incapaz de propinar un puñetazo creíble o de recitar su diálogo, sin transmitir la sensación de ser el protagonista de una función escolar, con el talento interpretativo de un chimpancé. Fernando Alonso no parece un buen chico. Fernando Alonso tiene aires de rufián acostumbrado a matar las horas con un palillo de dientes en la boca y una copa de anís en la mano. No hace falta mucha imaginación para asignarle el papel de villano en una película de cine mudo o de hampón en un entremés escenificado en una corrala atestada de busconas y galeotes. Si se dejara crecer el bigote y una coleta, sería un aceptable Fu Manchú, tejiendo planes maléficos para alimentar su megalomanía hiperbólica.



Odio a este puto país porque ha permitido que sus grandes cómicos murieran en un inmerecido olvido. Gracita Morales pasó los últimos años de su vida sin recibir ofertas de trabajo a la altura de su genio irrepetible. Condenada a interpretar papeles secundarios en las series televisivas, se hundió poco a poco en la depresión.



Odio a este puto país porque algunos de sus grandes escritores han muerto en el exilio, la cárcel o asesinados por españolistas furibundos. Las imágenes de un Antonio Machado enfermo y prematuramente envejecido agonizando en una modesta pensión de Colliure o de Miguel Hernández entregado a la Guardia Civil por la policía del infame Salazar siempre nos recordarán la esencia de un país que ha maltratado a sus poetas y nunca ha tolerado a sus disidentes. Ser heterodoxo en España significa vivir con un pie en la horca. El asesinato de García Lorca refleja ese odio atávico que siempre ha caracterizado a un país áspero y huraño.





La brutal paliza que tres falangistas le propinaron al cantante de copla Miguel de Molina por ser homosexual y republicano aún inspira a los matones que apalean a inmigrantes, “rojos y maricones”, abusando de sus músculos de gimnasio y del calor de la manada, que les garantiza un victoria fácil sobre un rival indefenso y con miedo a recurrir a una policía aficionada a los mamporros y a la presunción de veracidad, una pirueta jurídica que atribuye a los agentes una infalibilidad sobrenatural.




Odio a este puto país porque se emociona con sus éxitos en el pueril entretenimiento del balompié, sin reparar que los verdaderos héroes no son unos jugadores adictos a los paraísos fiscales, sino los bomberos que extinguen incendios o los mineros que se enfrentan con tirachinas a las bocachas de la Benemérita, permitiéndonos soñar con una marea roja que ahogue a los adoradores del Becerro de Oro. Odio a este puto país porque todos los años mueren decenas de mujeres, asesinadas por un machismo profundamente enraizado en una sociedad que presume de sus cojones, convirtiendo los genitales masculinos en la metáfora de su chulería colectiva. Odio a este puto país porque se ha resignado a que el 20% de los niños viva en la pobreza y a que las oligarquías financieras sigan acumulando privilegios. Odio a este puto país porque ha asimilado el dogma de la no violencia, olvidando que las grandes transformaciones sociales siempre se han producido con estallidos revolucionarios. Conviene recordar que la heroica defensa de Madrid durante 1936, la revolución de Asturias en 1934 o la Semana Trágica de Barcelona en 1909 no se hicieron con manifestaciones pacíficas, sino con dinamita, fusiles y cócteles Molotov. Odio a este puto país porque llama terroristas a los autores de los atentados contra Melitón Manzanas y Carrero Blanco. Melitón Manzanas era un brutal torturador que había perfeccionado sus técnicas de interrogatorio con la Gestapo durante la ocupación de Francia. Carrero Blanco era el gorila del régimen franquista, la quintaesencia de una dictadura responsable de un genocidio. Sólo en la postguerra se fusiló a 192.000 personas en los diferentes campos de concentración levantados para descabezar cualquier forma de resistencia u oposición.




Odio a este puto país porque ya no lee a sus clásicos. Luis Cernuda describió el alma española como “una meseta ardiente y andrajosa” que adquirió “una gloria monstruosa” sometiendo a otros pueblos con su “sinrazón congénita”. Valle-Inclán escribió que “en España el trabajo y la inteligencia siempre han sido menospreciados. Aquí todo lo manda el dinero”. Por eso, hay que eviscerar a los patronos y exhibir sus entrañas negras. “Todos los días una patrono muerto, a veces dos… –apunta Max Estrella en Luces de bohemia (1924)-. Eso consuela”. Y añade algo más adelante, comentando la infame ley de fugas aplicada a los anarquistas: “La Leyenda Negra, en estos días menguados, es la Historia de España. Nuestra vida es un círculo dantesco. Rabia y vergüenza”.




Yo sólo admiro a una Roja: Dolores Ibarruri, Pasionaria. Odiada por la derecha más intolerante, encarna el espíritu de resistencia de la clase trabajadora, que se arrojó a la calle para defender Madrid contra los militares golpistas. Pasionaria es la madre de todos los rebeldes, de todos los que no se rinden, de los que han perdido el miedo a las represalias y prefieren la muerte a las humillaciones. Pasionaria es la España antifascista, roja, libertaria, socialista, solidaria e igualitaria. Mi madre escuchó a la Pasionaria despidiendo a las Brigadas Internacionales y aún recuerda su voz, llena de emoción y dignidad. Los 9.000 voluntarios extranjeros que murieron en España combatiendo al fascismo son los verdaderos héroes y no los deportistas que sólo se preocupan de su peculio. Las protestas de los mineros podrían ser la primera piedra de un futuro diferente, sin Borbones, Guardia Civil, políticos venales, obispos homófobos, toreros sanguinarios, empresarios sin conciencia y banqueros corruptos.



Valle-Inclán soñó con una guillotina eléctrica en la Puerta del Sol. Su afilado cartabón sería la espada de Teseo decapitando a explotadores, represores, escritorzuelos y usureros. No puede existir misericordia para los que conspiran contra la sanidad, la escuela y el pan de las familias. Si ese sueño se realiza, si las calles se llenan de banderas rojas y tricolores y se hace justicia con los verdugos de la clase trabajadora, ser español ya no estará asociado a las procesiones de Semana Santa y a la cabra de la Legión, sino a una insurrección que hizo rodar cabezas, sin avergonzarse de imitar el color de la aurora, convirtiendo las calles en ríos de sangre y el hotel Ritz en el cuartel general de las milicias revolucionarias.




ESCRITO POR: RAFAEL NARBONA (www.rafaelnarbona.es)