viernes, 6 de mayo de 2011

Tottele Isoäiti (Obedecer a la abuela)



                Sé que no voy a descubrir América si os digo que en Finlandia hace un frío que no es normal. Un frío que yo sigo sin explicarme cómo es posible que en aquellos tiempos (según oh-dios-Wikipedia los primero pobladores datan del ocho mil quinientos antes de Cristo) en los que ni el gas natural ni los abrigos ultra aislados con laser existían, algún degenerado pudiera pensar en Finlandia como un sitio para asentarse. O le funcionó muy mal el GPS o el termostato del cerebro se les quebró, porque dios mío por muy bonita que encontraran la cueva ¿Qué demonios hacían allí? Vamos a ver, o muy malas personas debían ser los del sur o muy antipáticos para no poder reconciliarse y buscar un lugar más calentito a pasar el invierno. Pero se ve que eran muy tercos y se quedaron. No se sabe muy bien de donde vinieron los primeros pobladores pero con lo animales que tenían que ser pudieron ser perfectamente navarros que se perdieron recogiendo espárragos. Cuentan que en poco después se inventó la sauna, lo que no se es como no se quemaron a lo Bonzo antes para conseguir calor.

                De todas formas el frío tiene sus ventajas. Aprendes enseguida a no babear: se congela la babilla. A no comer chicle con la temperatura muy baja: se congela el chicle y morderlo es como masticar piedras. Y de repente tienes una obsesión por sonarte bien los mocos antes de salir a la calle no sea que se te congelen cosa que es de lo mas incómodo que hay. De hecho las madres finlandesas acuestan a sus hijos en los porches durante el inicio del invierno para dormir la siesta. Los tiene ahí salvo que la temperatura baje de diez bajo cero para que se vayan acostumbrando al frío y crezcan más sanos. Así no se constipan dicen. Yo estoy convencido de que supermán nació de una madre que se olvidó de mirar la temperatura y el niño durmió a menos quince. 



                Lo que de verdad me impresiona, ya que el frío lo suponía, son los cambios de temperatura. Con el tiempo los finlandeses han conseguido un sistema de calefacción y aislamiento térmico de las casas excepcional. Tal es así, que prácticamente todas las casas están a una temperatura constante de veintidós grados. Eso significa que cuando en la calle hace veinticinco bajo cero la diferencia térmica es de casi cincuenta grados. Y nadie se resfría ni se constipa ni nada. Así que luego escuchas a tu abuela decirte: hijo mío porque no te llevas una chaqueta que va refrescar. ¡Ja! Que refresque lo que quiera que mis genes han debido de mutar ya porque este invierno ni un solo estornudo… ¡y anda que no ha refrescado!

                Luego vienen otros, los mas sentidos, y te dicen que el problema son los cambios de temperatura, que claro te abrigas mucho por la mañana porque te congelas a doce grados y a mediodía cuando sales, a veinte, es mucho cambio de temperatura para el cuerpo llevando la misma ropa. ¡Ja! ¡Pero si los finlandeses ni se inmutan! De verdad yo creo que a ellos el frío y el calor ni les toca pasa por donde están les saluda les rodea y se marcha. ¡No se desabrigan nunca! Y cuando salen, con la misma ropa que llevan en el interior… ni se inmutan. Da igual que en el centro comercial estén dos horas que dos minutos, tu allí los veras a veintidós grados con su abrigo, su gorro, su bufanda a juego con sus guantes bebiéndose un café calentito y pasando la tarde. Claro tú que a tu cuerpo no le ha dado tiempo a dejar de quemar calorías para mantenerte en calor en cuanto entras allí dentro sudas como un cerdo, así que te quitas ropa. Y lo más increíble es que cuando te ven medio desnudarte, sudando como un pollo y con unos colores que ni los guiris en Sevilla, abren los ojos como platos y medio tiemblan del frio que les da verte.
- ¿¡Pero si vas en manga corta!?
- Pero que hace veintidós grados nene…
-¿Y no tienes frío?
-Tú que llevas la sauna incorporada dentro del abrigo gore-tex ese ¿no?


                Porque esa es otra: Las saunas. Esta gente después de chuscarrarse la piel a más de ochenta grados les parece de lo más de agradable tirarse a rodar por la nieve… ¡por la nieve! Reconozco que sentarse en un banquito al frescor finés (veinte bajo cero para mi es la mejor temperatura para relajarse tras la sauna) mola. Sí es sorprendentemente agradable ver cómo, envuelto en una nube de vapor, tus pezones van convirtiéndose paulatinamente en toalleros punzantes. Pero eso para los escandinavos es pecata minuta. Como diría una buena amiga mía para ellos es como ir a un prostíbulo a pedir un abrazo. Así que ni cortos ni perezosos cogen carrerilla y sin pensarlo ni dos segundos se tiran a la nieve e incluso algunos de ellos nadan en  lagos congelados.

Al principio te asustas, te das cuenta que eso no es posible que eso sea agradable para nadie… vamos que yo no he visto nunca a un reno darse un chapuzón en un lago voluntariamente para pasar el rato. Pero luego, en un alarde de gallardía (y pura inconsciencia también) te da por intentarlo, por derretir toda la nieve que hay a tu paso. Así que te agarras los machos enfilas el camino hacia la calle y según pisas descalzo la nieve un calambrazo recorre tu cerebro: no lo hagas. Pero claro, con la velocidad que llevas, por mucho que frenes no hay manera así que mas que tirarte a la nieve te caes, más que rodar te estampas con la nieve y ves como todas tus funciones vitales entran en estado de shock. Te cuesta respirar tu cerebro deja de pensar y solo te dice, ¡corre dentro…tira! Así que, cual resorte te levantas casi noqueado y vuelves a la sauna. ¿Dónde está el placer os preguntareis? Según ellos en el después, vamos en el darte cuenta que aun sigues vivo. Realmente hay que dar gracias a que cuando inventaron la sauna aun no se había descubierto la pólvora porque sino estos hubieran inventado la ruleta rusa-finesa… ¡las sensaciones placenteras vienen después!



                Así que os podéis imaginar a mi pobre madre cuando le conté que esta gente acostumbra a salir en pelotas a la calle con la piel hirviendo en post de congelarse el trasero para sentirse bien. ¿Y no se ponen una chaqueta una manta o algo? ¡Se van a resfriar! Todo mentira. No volváis a creer a vuestras madres y/o abuelas, ni hace falta esperar dos horas para meterse en el mar, ni beber un refresco después de haberte tomado el obligatorio vaso de leche nocturno hace que crezca un monstruo en el estomago que te coma por dentro. ¡Pues no me he hecho cubatas en el pueblo después de cenar! Ama (mamá en euskera) si lees esto… todos sin alcohol prometido. 

                Así con todo temo lo que pueda pasar a mi regreso peninsular. Los inviernos me parecerán una piltrafa y a ver como convenzo yo a mi madre, que ya piensa que nací sin sentido del frio, de que seis grados puede ser un calor sin igual. Por no hablar de mis compañeros de universidad en Valencia a los cuales temperaturas inferiores a dieciocho grados les parece como mínimo fresquillo y por debajo de quince prácticamente frío polar. Eso sí, torrándose a treinta y cinco grados en la terraza de una cafetería están como en casa, cual salamandra en su piedra… horrible.

jueves, 5 de mayo de 2011

Kovan päivän (Días difíciles)

 
                Últimamente están siendo los días más difíciles que he pasado aquí. La pequeña familia que teníamos comienza a disminuir y gradualmente se nos van escapando ovejas del rebaño una tras otra. Es ley de vida, está claro, el Erasmus no dura para siempre y antes o después estas cosas iban a ocurrir pero cuesta llevarlo. Cuesta porque en cierta formas es extraño la forma en la que se van. No es como cuando te despides de la gente del colegio o del instituto. No es ni tan siquiera como cuando se acaba una carrera y te despides de la gente porque regresas, seiscientos kilómetros más allá, a tu casa. En ambas ocasiones tienes la sensación de que todo cambia, sensación de que no volverás a ver habitualmente a esas personas y de que si las ves la relación no volverá a ser igual. Esta vez es totalmente diferente, jamás, en toda tu vida volverás a compartir momentos con ellos, puede que con uno o con dos quizá te veas o quedes con gente de tu nacionalidad pero jamás volverás a tener esa pequeña amalgama multicultural entorno a ti. Sin embargo, tienes la sensación casi unánime de que si, por cualquier motivo, te cruzas en la vida de alguno la relación volverá a ser sino igual, muy parecida. 


                Los que hayáis estado de Erasmus con un grupo enorme de españoles no lo entenderéis, me llamareis exagerado o pensareis que es fruto de escribir esto sin suficiente perspectiva, pero los que hayáis vivido en destinos donde número de gente de tu nacionalidad es mínimo, donde hayáis hablado mucho mas inglés que castellano me entenderéis. ¿Cómo vas a cambiar tu relación con gente con la que has perdido el miedo a recorrer mundo sin compañía conocida? ¿Cómo vas a olvidar gente tan diversa que fue tu salvavidas en un ambiente tan diferente? He de reconocer que cuando vine aquí, a Finlandia, donde es todo tan distinto y donde parece mentira que estemos en el mismo continente, tuve dificultades para relacionarme. Me resultaba casi imposible entender esta gente tan extraña, tan parca en palabras y de tan diferentes costumbres y sin embargo, cuando llegaba a la residencia llegaba a mi oasis. Éramos pocos, unos veinte, cada uno de su padre de su madre y de su extraña patria y sin embargo parecíamos un grupo de amigos de toda la vida. Una pequeña familia con la cual compartir experiencias y momentos. Una te corta el pelo, el otro te traduce una página web, aquel te hace la cena y la otra te cuenta aventuras y desventuras propias cual monologuista de la tele. Entre todos creas una familia que poco a poco se va engordando con propios y extraños: compañeros de clase, gente que conoces en fiestas y agregados varios. Así, se completa un submundo, una red social tan extravagante como divertida, tan heterogénea como unida, tan rara como propia.


                Decir por tanto que el Erasmus une sería caer en la mayor de las redundancias por ello prefiero decir que el Erasmus enseña. Enseña muchas cosas. Me atrevería a decir que ahora tengo la mentalidad mucho más abierta hacia el resto de culturas, soy más tolerante y sobretodo tengo mucha más curiosidad hacia el mundo. Así mismo me forjado un espíritu mas crítico pero menos voraz donde he aprendido que las “mierdas” de cada uno, aun siendo “mierdas” o habiendo cosas mejores son importantes. Con lo que me he hecho más tolerante a tradiciones pero más crítico con abusos o con desmanes de “los que mandan” o de ciertas sociedades que imponen sus modelos de conducta. Aunque también porque no decirlo, me ha servido para darme cuenta de lo bueno que tenemos en casa, que es más de lo que parece y por lo que deshacerse de complejos nacionales.





Y todo esto me lo ha enseñado gente como la que se ha marchado estos días. Gente como Jorge a quien por desgracia conocí algo tarde pero con quien ha sido un tremendo placer redescubrir la otra Finlandia y, sobre todo, descubrir que se puede aprender finés aún siendo un castellano parlante cerrado. Mi saludo desde aquí, campeón, que creo y espero estés leyendo esto. Gente como Alex (uno de los franceses) con quien he sufrido sus problemas, me han salido agujetas de partirme de risa y con quien he vuelto a descubrir lo buenísimo que es reírse de uno mismo. Otros como Jannick (otro francés) que nos ha demostrado el valor del “supuestamente débil o pequeño” un tío que se ganó el corazón de todos sin hacer ruido, como entrando sin querer. Un tío que nos enseño que se podía ligar sin querer con mujeres llevando el look mas gay (con permiso de Thibault) que he visto en años y sin perder la sonrisa. Y qué decir de Thibault, el gabacho. Mí o mejor dicho nuestro gabacho-spanish. Conquistador donde los haya que otrora acomplejaría al Cid o a Cassanova. Un verdadero crack en todas las facetas que nos ha demostrado tanto y con el que hemos pasado tantos momentos que se me hace tremendamente arduo escoger solamente uno. 


Por aquí también pasaron belgas y su extraña forma de ver la vida y la política y algunos franceses con quienes compartí otros momentos pero que por las razones que fueran no me llegaron tanto, mi amado compañero húngaro y las escocesas. Así, en cuestión de una semana y tras la marcha anterior de húngaros y escocesas, se nos han ido todos los franceses, los belgas y uno de los españoles. En unos días se irá otra española, dos coreanos y la checa que nos abandonará aunque solo temporalmente. No diré que se nos ha acabado el mundo, ni mucho menos el Erasmus, pero todo es diferente. La residencia esta en silencio, internet va algo mas rápido y las saunas son mas solitarias de lo normal. Ya no tenemos que meternos quince personas en una sauna de capacidad máxima ocho. Ni podremos tener esas emigraciones colectivas al centro bici en ristre cual pelotón en el tour. Esas pequeñas tonterías, “mierdas” tan importantes para todos.


 Llega mayo, mes de viajes de unos y otros, despedidas del resto y antepaso a la esperada “Summer School” (de la que os hablaré más adelante) que pondrá el colofón a esta inolvidable etapa de nuestras vidas. Solo decir, aunque pocos de los que se han ido puedan leer castellano, que no solo ha sido un placer compartir este tiempo con ellos, ha sido casi una necesidad algo genial e irrepetible que al menos a mi me ha marcado. 

martes, 3 de mayo de 2011

Oireyhtymäv (El síndrome)


                

              Una de las primeras cosas que me preguntaron cuando me hice el blog es por su nombre, algo peculiar. Elapagadespertadores nada menos. En realidad es el nombre de un síndrome que llevo sufriendo desde hace unos años. Tengo la capacidad sobrehumana de lanzarme a una cama y quedar dormido instantes antes de que mi mejilla roce la almohada, pero soy incapaz de despertarme con un solo despertador: los apago todos. Da igual que me busque autoengaños escondiendo el despertador, sonámbulo perdido lo busco lo desconecto y a la cama otra vez. De verdad es algo increíble, una habilidad pasmosa. Así que no me queda más remedio que ponerme tres, cuatro… once alarmas si es algo importante… lo normal.

                Así que siempre voy tarde a todos lados. Bueno, lo cierto es que voy tarde aunque haya quedado a mediodía pero por las mañanas a primera hora es algo increíble. Y no lo hago a posta, es mi cuerpo o mi cerebro dormido el que decide activar el modo stand by: actividad cerebral mínima para respirar y encontrar el maldito despertador. No es algo de lo que estar orgulloso y más si cabe teniendo por compañera de clase a la checa (todos la recordareis de una entrada anterior: el lobo y la piel del cordero) la cual si llega la hora fijada para quedar y estoy con las llaves en la mano camino de la puerta de la calle ya llego tarde.

                Así que sin querer cumples los estereotipos que en todo país existen y que en Escandinavia, como en el resto de Europa, tienen de los latinos: impuntuales, chillones y fogosos. Da igual que seas mudo, asexual y todo un gentleman que como digas que eres ibérico te catalogan de la misma. Lo malo es que suele venir acompañado de vago, fiestero y machista lo cual me toca un poco las gónadas. Y es que los estereotipos son muy difíciles de evitar. ¿Acaso no pensamos que los catalanes son agarrados o los andaluces vagos? ¿Qué los nórdicos son fríos y lo alemanes trabajadores? Pues a nosotros nos ha tocado ruidosos, impuntuales, machistas y teniendo en cuenta que el destino turístico por excelencia en Finlandia es España prácticamente que solo pensamos en sexo.




                Así que nada más llegar, al menos durante las primeras semanas, me esforcé al máximo por no caer en ninguno de estos defectos. Me ponía dos mil despertadores, trabajaba como el que más en prácticas y por supuesto no hacía ningún comentario imprudente cuando se hablaba de hombres y mujeres lo cual fue lo más complicado teniendo en cuenta que en el ambiente sanitario se habla constantemente de partes del cuerpo y no tengo un dominio suficiente del idioma como para utilizar los eufemismos. Aún con todo en cuanto llegue un día tres minutos tarde ya me dijeron: bueno tampoco es tanto para ser latino. Es más antes de llegar me enviaron desde la universidad un mail en el que había un pdf titulado bienvenido a Finlandia: manual de acogida para españoles portugueses e italianos. En él se describían las costumbres finesas (en cuanto a modales y buenas maneras) y donde tenían subrayado y en negrita que en Finlandia no se hablaba a gritos por el móvil, que no se hacía ruido mas allá de las diez de la noche, que no era recomendable tocar a un fines y por supuesto que en este país el trabajo de las mujeres se respeta igual que el de los hombres. Así antes de llegar en crudo y en toda la boca.

                Personalmente lo del respeto al trabajo de la mujer me molestaba bastante pues siendo enfermero estoy súper acostumbrado a trabajar con mujeres y a que sean mis jefas y, salvo que alguna diga lo contrario, creo que nunca las he tratado como diferentes. Pero no lo entienden y aun así tienes que soportar que alguna vez que otra te lo recuerden. Ahora eso sí, si protestas y dices lo que piensas eres prepotente o como mínimo un maleducado. Así que llega un punto en el que lo asumes y hasta le sacas ventaja. Tratas a tus compañeras como siempre he hecho con cualquiera que trabajase conmigo y respecto al trabajo (en un post reciente os explicare como acostumbran a trabajar) diciéndolo así finamente… no se desloman. Con lo que haciendo la mitad de lo que suelo hacer en mis prácticas habituales consigo unas notas que ya me gustaría haberlas sacado en Valencia.

                Así que por mucho que te esfuerces es imposible quitarles de la cabeza lo que piensan por son muy cuadriculados. De acuerdo que no todos los finlandeses tienen por qué serlo pero la mayoría de los que me cruzado lo son. Con lo cual llega un punto que hasta asumes tu mismo tu identidad y empiezas a reírte si te dicen que quedas a una hora finesa no española, o cuando te dicen que te van a comparar un reloj finlandés. ¿Suelo llegar tarde? No, alguna vez que otra me puedo retrasar eso es todo y de llegar tarde rara vez son más cinco minutos. Porque no es que uno sea un impuntual solo que… es un apurador de momentos. 

                Por ultimo solo me queda decir que el nombre tiene mucho que ver con mi excompañera de piso, la cual adoro y echo de menos un montón. Una chica que sin ella saberlo me enseñó un montón de cosas entre ellas a creer en mí mismo. Al principio es raro convivir con una albaceteña porque no entiendes la mitad de las cosas que dice o de las palabras que usa pero después te acostumbras a despertarte oyendo: vaaamos pataliebre, no magas despertarte a tollinazos. Entonces comienza esa involución de tu lenguaje y tu cerebro que hace que utilices palabras como: chupabridas, saltacequias, pillaolivas, cataguisaos, afeitabombillas, golinmero, ejpijcar… y un larguísimo en interminable etcétera. Así que nada este post te lo dedico a ti, y que sepas que siempre que escribo apagadespertadores recuerdo por quien lo llamé así.
               
 

lunes, 2 de mayo de 2011

Olen iPhone, mutta ei tähteä (Con iPhone pero sin estrellas)

               
                A los que nos gusta leer cuentos como los de Poe o las mil y una noches nos extrañamos a veces de la enorme variabilidad de las noches de los cuentos. Unas veces son luminosas con lunas enormes que permiten ver sin dificultad allí por donde caminan los personajes, otras son oscuras y tenebrosas donde algún oportuno ave nocturna aprovecha para meter miedo al personaje y otras sin embargo son estrelladas y maravillosas cargadas de pequeños puntitos luminosos caprichosamente dispuestos en la noche despejada. Además que mirar al cielo nocturno servía de inspiración a viajantes, marinos, agoreros y hasta a sentidos y romanticones personajes en pos de un furtivo beso antes de regresar a casa oculto por las sombras. 

                Para mí todas las noches eran iguales. Bajo la luz de las farolas de la ciudad el cielo se presentaba azul grisáceo, si acaso con la luna al fondo siempre que las nubes lo permitían y poquito más. Es cierto que de vez en cuando, sobre todo en verano, se pueden ver algunas estrellas. No sabría decir cuántas ¿cien, doscientas? En conjunto prácticamente lo único que cambiaba en la noche bilbaína era la lluvia (demasiado presente), las tormentas y si era día de marcha el ruido de la gente haciendo litros. Poco más había que ver. Recuerdo también la enorme diferencia que suponía mirar al cielo en mi pueblo de verano que en la ciudad. La famosa boina de Bilbao difuminaba los colores y aunque estaba claro que el cielo es oscuro por naturaleza, esa oscuridad estaba trastocada por ese nubecilla rojiza y asquerosa que impregnaba todo lo que yo miraba. En mi pueblo no. Allí podíamos ver lo multitud de estrellas y tratábamos de adivinar constelaciones aquí y allá… pero no dejaba de ser un pueblo lleno de chiquillos. Había miles de cosas más interesantes que hacer que mirar unas estrellas que seguirían allí al día siguiente.

                  Contaminacion lumínica de Valencia. Sí, así son todas las noches
 
                Con todo, los únicos ratos que realmente miraba al cielo con interés eran los días que viajaba en coche con mis padres, en un intento desesperado de abstraerme de Boney M., y las noches de tormenta. Adoro las tormentas. Pocas cosas relajan más que sentarse en un banco o en un porche cerveza en mano y notar en la cara el estallido de un relámpago u oler ese olor tan característico de tormenta seca veraniega. Pero todo eso ha cambiado en Finlandia. Desde que mi profesora me invito a comer a su casa y al salir de la sauna miré al cielo (aun no sé muy bien porque) entendí lo que a lo que tantos escritores, pintores y poetas se referían. Por fin entendí de verdad lo que significaba la contaminación lumínica.

                Jamás había visto un cielo igual. En toda mi vida creí que se podía ver tanto a simple vista. ¡Las estrellas son de diferentes colores! No sé exactamente lo que estaba viendo pero era precioso. Supongo que serían nebulosas y galaxias y estrellas y cometas y… de todo. Estaba realmente tan atontado mirando que se me olvido durante un par de minutos que estaba en mitad de la nada desnudo y descalzo sobre la nieve a una temperatura no demasiado agradable. El momento se rompió cuando uno de los hijos de mi profesora empezó a reírse descaradamente de mí, preguntándome si me había dado un tirón en el cuello o me había afectado demasiado la sauna. No lo entendían, para ellos solo era el cielo, el mismo de siempre, el mismo para todos decían. No entendían como podría ser que nunca hubiese visto la infinidad de colores y matices que se pueden ver en una noche estrellada. Y no os aseguro que no fume ni comí nada extraño.




                Desde entonces no puedo evitar mirar al cielo con nostalgia. Recuerdo perfectamente como nos quejamos cuando las calles no están suficientemente iluminadas y envidio sinceramente aquellos lugares en los que aún hoy, en una noche de insomnio, uno puede levantarse y relajarse junto a la ventana de su casa mirando hacia el cielo. Envidio sin duda, esos niños, que no entienden prácticamente nada de lo que va más allá de sus padres y el colegio y rellenan esos huecos con su imaginación, cuando miran al cielo e imaginan como los personajes de sus dibujos, comics o videojuegos saltan de estrella en estrella o de un mundo a otro. ¿Qué nos ha pasado para perdernos el cielo? ¿De verdad necesito tanto un móvil, un ordenador última generación, o las ultimas zapatillas de Nike? Lo siento pero no me conformo con ver el cielo a través de google imágenes. No creo en las visitas virtuales a museos o en visitar ciudades a través de rutas informáticas en 3D. Seré quizá demasiado impresionable o demasiado exagerado pero yo echo de menos el cielo en Bilbao o en Valencia. Ciudades que me encantan en las cuales he vivido cosas increíbles pero que como regalo me dieron un asma galopante y poquito más. 

                Finlandia no es mejor que otros países, simplemente son pocos. Hay pocos coches y necesitan pocas fábricas para dar de comer a toda la población. No conozco los datos reales de contaminación pero he de decir que no he sentido el asma, ni siquiera un pitido de bronquios desde que estoy aquí. Ni cuando me pegué las caminatas en raquetas ni cuando con la espada, en aras de no llegar tarde, pedaleo todo lo rápido que pueden mis piernas. Se nos ha ido el rumbo y la olla. Quizá para algunos el cielo no sea tan importante como la próxima Play Station 4, para mí que mis futuros hijos conozcan la osa mayor por google solamente me aterra.



domingo, 1 de mayo de 2011

Toiminnallisuutta (Funcionalidad)



                Si tuviera que definir Finlandia en una solo palabra esta sería funcionalidad. No os podéis hasta qué punto se puede notar la funcionalidad de la cosas aquí. Es como si todo lo que fabricasen lo pasaran por algún comité que lo evalúa, lo utiliza y le saca los fallos. Esto hace que la mayoría del equipamiento de un hospital por ejemplo sea muy útil y a la vez ayude a realizar el trabajo con mucho menos esfuerzo y más seguridad. Pero no sólo esto se encuentra en trabajos, en la vida diaria también se da en las cosas más simples que son as que al final marcan la verdadera diferencia
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                En mi caso, que soy muy tonto y me fijo en todo, cuando verdaderamente me di cuenta que todo está pensado y repensado fue en la cosa más banal pero importante de todas: en el cagar.  Sé que suena ridículo pero todos hemos tenido la experiencia religiosa de ir a pasar unos días a una casa de pueblo y al sentarse en el retrete notar como ese aro de porcelana te congelaba hasta el alma produciendo, cual reflejo, una contracción involuntaria del esfínter que hacía mucho mas incomodo el acto en sí. Y es que en cuestión de retretes no hay término medio: o lo tienes de esa especie de porcelana fría o de plastiquete endeble que resbala para todos los lados. Si los fabricantes de retretes, que también son humanos (creo), y por tanto tienen que usarlos de vez en cuando… ¿no podrían hacerlos mejores?


 
        Pues como este tooodos los baños en finlandia... el futuro!

                Pues los fineses sí que han conseguido llevar sus retretes a la versión 2.0. Y es que ellos, que sufren de verdad lo que es llegar a casa con el esfínter congelado, colocan siempre el radiador al lado de cada uno de los baños. Siempre. Impresionantemente siempre. Da igual que tengan que desviar los tubos calefactores dos metros, con tal de que el usuario se relaje para defecar a gusto se desvían. Además he de decir que el aro, aún siendo duro y sólido como los nuestros, no es ni de plástico malo ni de porcelana sino algo intermedio. Sí, ya sé que os va a parecer la tontería más grande del universo pero en pleno invierno no me quiero imaginar cómo sería aquí la escena de la casa de pueblo. Aun con todo es un claro ejemplo de cómo son aunque ejemplos hay muchos.

                Otra cosa que siempre se aprecia aquí es el aislamiento de todos los edificios. Hasta los perores edificios tienen dos puertas para entrar en ellos. Entre estas dos puertas colocan grandes radiadores o, en los edificios mejores, generadores de aire caliente que mantienen esa cámara de aire en una temperatura intermedia entre el exterior y el interior. Hasta ahora lo máximo que yo había visto en grandes bancos y hospitales es esa enorme puerta giratoria, más bien incomoda, que reducía la pérdida de calor interior. Por supuesto en el interior todas las ventanas son dobles y por supuesto que cualquier puerta por pequeña que esta sea, si da al exterior es doble. En realidad es una forma genial de ahorrar energía ya que por la falta de luz, el frio y la sauna Finlandia es el tercer país en consumo de potencia eléctrica del mundo. 

                Otro punto donde se nota la funcionalidad es en la gestión del espacio. Solo he conocido ámbitos sanitarios ya que no he trabajado ni he hecho prácticas en otros lugares. Creo que ha sido el primer lugar en el que han conseguido de manera brillante que el espacio sea acogedor, no parezca un habitáculo vacio y al mismo tiempo el personal pueda manejarse perfectamente con sillas de ruedas, grúas y carros de medicación. Para los que no tengáis ni idea de lo que hablo, os aseguro que realmente difícil conseguir un equilibrio entre espacio para poder moverse y desplazarse sin obstáculos por una casa o residencia a la vez de tratar de mantener un aspecto acogedor y hogareño. No lo he preguntado pero estoy convencido de que ha tenido que ser un diseñador de interiores o alguien con ese tipo de estudios quien haya creado las bases de cómo configurar el espacio porque casualidad no puede ser.


                  Otro ejemplo: el ratón. Eso que esta justo debajo del teclado es el raton. No es de tipo touch pad sino algo mas rústico pero suoer útil y que evita muchas perdidas de tiempo

                Además de las ayudas técnicas que tienen. En lugar de tener todas las camas eléctricas (como se pretende hoy en día en nuestro país) tienen un sistema de manivelas y bielas por el cual mueven las camas y las colocan en todas las posiciones en el espacio imaginables sin apenas esfuerzo para el trabajador. Todo funciona con contrapesos y compresores de aire. Cuando les pregunte por las camas eléctricas me dijeron que si tenían por qué la iban comprando paulatinamente, pero que de momento estas cumplían perfectamente su función y no daban problemas.

                Algo que si que de verdad debemos importar es el tema de los enchufes y mobiliario en la pared. En nuestros hospitales, aunque cada vez se tiende menos a colocar enchufes y dispositivos en la pared siguen existiendo. Esto hace que cuando el ala hospitalaria cambia de función o se hacen reforma para cambiar el oxigeno, el vacio y los apliques o se adapta como buenamente se pueden los habitáculos. Aquí no. Aquí los armarios y aparadores tienen zonas donde se atan las lámparas y algunos enchufes. El resto de los útiles se colocan en una falsa cenefa de la pared. Es como una baldosa que recorre toda la habitación y se puede quitar en la cual clavan y desclavan a antojo pudiendo así modificar el espacio sin necesidad de enyesado posterior.

                Algo que me dejó loco también fueron los despachos. Resulta que cuando se construyo el hospital, hace muchos años, no se creyó que nuevas profesiones sanitarias se incorporarían el trabajo allí tales como trabajadores sociales, terapeutas ocupacionales… etc. Para solucionar este problema lo que han hecho es dividir los grandes despachos en dos pero con una pared móvil. Es una pared que va enganchada al techo con unos raíles y debe tener unas pequeñas ruedas pegadas al suelo la cual, al accionar una palanca, se puede mover ganando un tercio del espacio. De este modo en caso de una reunión, entrevista momentos de terapia con algún paciente concreto ganado ese espacio el despacho se convierte en espacioso y muy cómodo para trabajar. Adecuando los horarios y trabajos de ambos profesionales asunto arreglado.

                En definitiva podría estar hablando sobre cosas funcionales que me he ido encontrando en Finlandia desde que estoy aquí pero creo que no acabaría. Lo último que he visto es una bomba de hinchar bicicletas que no solo mete aire al meter la varilla sino también al sacarla con un método muy simple de doble válvula. Todo cosas simples, estúpidas a priori pero que consiguen poco a poco hacerles la vida más sencilla. Quizá no sea algo extraordinario ni increíble, pero el mero hecho de que revisen lo que hacen y que lo planteen y orienten hacia su utilidad posterior es mucho más de lo que hemos acostumbrado a hacer nosotros durante demasiados años.